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Jueves, 8 de octubre de 2026

La globalización y el trabajo gratis

La globalización y el trabajo gratis
La globalización y el trabajo gratis
Imagen-montaje de «cartones de Garzón» sobre foto de https://www.espinof.com/

La globalización y el trabajo gratis

Alfonso J Luna Geller

La globalización de las comunicaciones, entendida como la capacidad adquirida por los individuos para acceder, asimilar, procesar y difundir conocimientos e información a través de herramientas tecnológicas genéricas, ha hecho la vida mucho más fácil y ha integrado nuevas sociedades, mejorando la productividad, los emprendimientos, los tiempos de ejecución de tareas y hasta ha validado las esperanzas de muchos desesperanzados.

Es evidente que esta modernización, cuando se aprovecha técnicamente, le otorga valor agregado legítimo a los espíritus emprendedores, a los talentos individuales, a las iniciativas comunitarias, inclusive, a grupos sociales que antes se consideraban “insignificantes” en el concierto universal de la industria, la academia, el comercio, la ciencia, las artes, la “sociedad” y obviamente, a los medios de comunicación alternativos y comunitarios, que se han venido convirtiendo en valiosos aportes para el desarrollo global.

De manera inversamente proporcional, sobre todo en estos ciclos de crisis sociales, económicas, o políticas, como los que atraviesa Colombia desde hace varios años, de angustias intensificadas en los últimos meses por el errático gobierno que algunos escogieron, se hizo evidente que las multinacionales de la información, los descomunales holdings publicitarios, los inmensos grupos mediáticos, y los grandes medios de comunicación, que para su crecimiento sirven con exclusividad a la concentración del poder económico y político, pero que disfrazan su accionar con “jugaditas periodísticas democrateras”, perdieron su contacto directo con su tradicional clientela, porque como mastodontes atascados en el desierto, no pudieron superar su nicho para conectarse con las nuevas sociedades. Es más, no supieron interpretar comunidades específicas, ni crearon sus propios entornos de confianza. Generalmente la información que difunden está cargada de intenciones para manipular las decisiones políticas de una audiencia que hace rato prefirió su propia búsqueda del conocimiento y la verdad de las cosas que le interesa y que debe procesar.

Observando su anacrónico actuar, he concluido que la globalización de las comunicaciones sirve más al especialista, al que trabaja para un grupo social específico, al que orienta en la búsqueda de resultados concretos, casi inmediatos, al que crea comunidad en torno a sus conocimientos y deseos de servir a sus grupos de contacto, que tienen intereses comunes; al que emprende, al que brinda confianza directa.

Paradójicamente, la globalización exige al generalista, en este caso, al gran capital que todo lo abarca, dar reversa, bajarse de la nube, intentar servirle a alguien diferente de su propio entorno excluyente, apropiarse de verdad de eso que ellos mismos llaman “responsabilidad social” pero que ni idea tienen de cómo se aplica, porque eso apenas lo utilizan como requisito burocrático.

Obvio que también hay que tener cuidado porque, como decía mi abuela, de todo se da en la viña del Señor: De vez en cuando, por estos lados aparecen los pseudo-especialistas o falsos gurús, que pretenden cada día vender humo… últimamente se dan con demasiada frecuencia.

Pero, hablando otra vez de estos tiempos de crisis, y de globalización, han aparecido otra vez mansos, descendidos, igualados, entre los grandes medios de comunicación reconociendo sus incapacidades, los emperejilados funcionarios del Gobierno, de diferentes ministerios y otras entidades descentralizadas, directivos de ONG nacionales, extranjeras o mixtas, holdings publicitarios, hasta contratistas, repito, que al fin reconocen (después de haberse engullido solitos multimillonarios presupuestos para difundir la información y sus comunicaciones): A ustedes los necesitamos; son los que tienen contacto directo, inmediato y masivo con las comunidades a las que necesitamos llegar. Alégrense, aquí les «hemos generado» unos boletines de prensa muy importantes, de mucho interés público, les hemos elaborado noticias “históricas” sobre inversiones, programas y proyectos «transversales» que vamos a desarrollar sobre sus territorios de influencia «en articulación» con otros organismos regionales. Para facilitarles su trabajo, les vamos a suministrar fotografías, videos, los textos (que ojalá no los vayan a editar), todo para que todo les quede muy bonito y con la información completa. Y muchas gracias «por dejarse ayudar».

Uno no sabe si llorar, reír, morderse los labios o lanzar un sonoro hptazo.

El trabajo de los medios alternativos y comunitarios, a pesar de su impacto y trascendencia, les ‘vale huevo’ para invertir y estimular emprendimientos porque, precisamente, hacen parte íntima de la sociedad que no les gusta, pero a la cual aspiran manosear.

Estos medios de comunicación nuestros, para algunos sectores, sí son muy valiosos para utilizarlos, pero como si fueran desechables.

Estamos pensándolo: ¿publicar o no? ¿es cierto o no lo que viene como primicia manipulada?

No he podido aún explicarme, en tantos años de entrega al periodismo, por qué hay sujetos que aún creen, en plena globalización de las comunicaciones, que los músicos, los artistas, los escritores, los poetas y los periodistas, entre otros, son profesionales que tienen que ponerse a trabajar gratis, mientras quienes pretenden utilizarlos se apoderan sin consideración de lo que debiera distribuirse racionalmente entre los que hacen el trabajo… Entonces, me imagino que en la “nueva esclavitud” no hay “racionalidad” ¡Qué brutos!

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