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Viernes, 2 de octubre de 2026

LA FUNCIÓN DE LAS PALABRAS

palabras
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
https://miclasedetercerob.wordpress.com/2016/12/01/palabras-con-ca-co-cu-que-qui/

A la poeta Teresa Consuelo Cardona

Una poeta bastante cercana y amante de la perfección, como Fidias, se ha interesado en esas actividades que a veces se llaman aburridoras porque cuestan. Cuestan trasnochos, preocupación y, a veces, vergüenza, mas son garantía de querer la Lengua que uno habla y escribe. Porque no hay algo más preocupante que cazar gazapos en un verso por una palabra que no encaja o por utilizar tanto adjetivo o por mala ortografía. Es como una bofetada en el mentón o puñetazo en el estómago.

Las palabras son un cúmulo de signos fonéticos y escritos que componen la lengua. Unos son sonidos o fonemas, otros son las letras con las que formamos las palabras. Las palabras, como dice el médico filósofo, Octavio Victoria, son la casa de las cosas. Cuando uno las pronuncia, las evoca, aparecen con antejardín, sala y alcobas. Resplandecen en la boca o en la mano de quien las usa con propiedad.

Las palabras llamadas sustantivos representan individualmente cada objeto real o idea inmaterial. Nos sirven para nombrar las partes de nuestro cuerpo y todo lo que nos rodea. Son las palabras más importantes porque nos muestran el mundo. Los verbos los utilizamos para hacer mover nuestra voluntad o las de otros y manifestar qué ocurre a nuestro alrededor. Los adjetivos nos sirven para adornar o calificar las cualidades de las cosas. Otras como los artículos determinan el género o el número de los objetos que nombramos. Otras como los adverbios el tiempo y el modo de hacer las cosas.

Hay otras locuciones o modos de combinar palabras que sirven para dar unidad a expresiones que forman una sola idea. Se unen con adjetivos, adverbios, preposiciones, verbos, pronombres o sustantivos. La unión de palabras y locuciones puede convertirse en una conversación, un texto narrativo o un poema. El uso correcto y armonioso se puede volver una virtud o puede ser un desastre en manos de un hablante o escritor descuidado.

El uso del idioma comienza en casa cuando el padre y la madre interactúan con los hijos. Luego viene la tarea del buen profesor que infunde en su estudiante el esmerado uso de cada palabra en una conversación, exposición o discurso ante el público. El trabajo sigue toda la vida. Porque el idioma está vivo y cambia con el uso y la interacción con la cultura global. Cada día aparecen nuevos modos de pensar, inventos, máquinas, instrumentos o se intercambian costumbres por medio de la Internet y los viajes.

El escritor y el poeta en sus textos reflejan el carácter cambiante del idioma. Deben cuidar de adaptarse a los defectos de forma y de mal uso de vocablos extranjerizantes o espúreos. El amante del idioma debe precaverse de mezclar lo barrial o de guetos o parches -como se llaman ahora- o grupúsculos que corrompen palabras y expresiones. El purismo prima por sobre cualquier snobismo o moda. Y en poesía el cuidado debe ser extremo. Ante todo la musicalidad, el respeto del buen decir y la construcción exquisita y novedosa.

20-04-17                                        12:30 p.m.

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