LA FLOR


LA FLOR

Ella está, ahí, dominando en su reino. En la matera junto a verdes hojas largas y redondeadas. Emerge silenciosa y casi débil. Aunque sabe que es la flor que llena la sala. Se ha puesto algo ruborosa cuando se ha visto mirada. Ella es pequeñita entre tanto follaje de enorme tamaño. Aunque sabe que es la belleza que destaca en la sala.
Ella está en la izquierda del frente, casi en el rincón. No le importa. Ahí el dueño la mira y se acerca hasta ella y la consiente y le habla. Se ha puesto un poco más colorada de tanta alabanza. Ese es su destino. Adornar y lucir en el sitio que esté. No importa su tamaño. Ella sabe que así pequeña, despierta miradas y es alabada.
Salió de la tierra no hace tres días. Y acompañará a los huéspedes por menos de una semana. Es un ser de muy corta vida. Solo los humanos duramos tanto tiempo y nunca brillamos y acompañamos en silencio y con el cuerpo radiante. A veces parece que naciéramos para estorbar y ofender con nuestras caras.
Solo tiene un vestido de ocho piezas. Seis pétalos, un pistilo y en un pié se sostiene. Observen su porte. Es pequeña entre tanto fárrago. Y su presencia no ofende. Alegra el paisaje de ese rincón y desde ahí llama la atención de todos los que entran a la sala. Afortunados todos los que estamos mirando esta foto. Esa belleza se quedó como recuerdo.
Pero vendrá otra. Esta es la segunda flor que nace en la matera afortunada. En la otra esquina hay otra matera pero ahí no hay una flor que le alegre la vida. Vendrá, otra, digo, y repetirá la escena. La Naturaleza es sabia y ofrece rarezas. Como poco compro flores, ahí me regala una cada tres meses. Nacerá y morirá a la semana. Ejercerá su reinado y se marchitará como cualquier flor pequeña o grande, fina o casera.
Yo me quedaré esperando que aparezca la próxima. Tal vez se demore unos dos o tres meses. De esa clase tan fina y escasa no se da tan pronto y será solo una y en esa sola matera. La otra pareciera de otra familia. Tiene una vida más austera. Y llegaron juntas de la misma huerta y plantadas por la misma mano en las dos materas.
Llegó en el mes de junio para gozar del Mundial. Comenzaré a apuntar en una libreta cuándo aparecerá la tercera hija de este blanco jarrón. A veces me parece que la flor nació de la matera madre y que la que está al frente hace las veces del padre. Nunca aparecerá una flor.
Por fortuna se me ocurrió tomarle foto a la blanca flor de borde rosado. Una rara especie que no sé su clase pero es de madre conocida y padre putativo llamado José. Al menos así lo creo yo que sé la procedencia de esas dos materas preparadas y sembradas por el hijo mío como adorno especial para estrenar el apartamento donde vivo.
01-06-18 1104 a.m.
***********************
Otras publicaciones de este autor: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/



