LA ESTANCIA DELICIOSA EN TIERRA LOCOMBIANA


Loco-mbiano

Estar a 15 grados en Bogotá, 9 o 10 en Tunja o Popayán en la mañana, 18 todo el año en Manizales o 32 en Cali o 35 en Girardot o en Barrancabermeja o 39 en La Dorada es una delicia. Sabe uno que el clima no va a bajar ni a subir en exceso y el cuerpo puede resistir sin necesidad de pañitos de agua caliente o de estar dentro de casa pidiéndole auxilio al calentador o a la nevera. El sol o el viento o el frío llegan en el amanecer o en la noche a refrescar el ánimo.
Sí. Estamos en Colombia en la zona tórrida, en la línea ecuatorial, en donde todo es exuberancia desde el primero de enero hasta las doce la noche el último día del año. Hay flora, selva, ríos, fauna, cascadas, frutas, tubérculos, lagunas, vegas junto a los ríos, cañaverales, guaduales y mujeres bellas. Aquí la Naturaleza lo da todo con mano pródiga y el clima es el mismo sin que el Ideam pueda desmentir las temperaturas.
¿Es la orquídea, la catleya triana, el símbolo nacional, o es el Río Magdalena, o es el café, es el arriero paisa, el burro de san Pelayo o de Bosa o Guajira, es la bandera amarilla, azul y roja, o es el escudo nacional sin el territorio y sin el cuerno y sin el cóndor que allí se ven? ¿Es Villeta, Mompox, Barichara, Santa Fe de Antioquia, San Pedro de los Remedios, Guatavita, Iza, San Gil y su Gallineral, es Panaca en el Quindío, o el abismo del Panachi sobre el Chicamocha, es Medellín, la Capital de la montaña con su gente y su metro y su eterna primavera?
Y no he hablado del sancocho, ni del ajiaco, la mazamorra chiquita, del cuchuco con espinazo, de la changua con huevo, del mondongo, del tamal, del piquete servido en hojas de plátano, ni del mazato, ni de la chicha de maíz, del alfandoque, las achiras o la butifarra o el viche de la costa pacífica.
Ver esa galería de fotos que nos muestra los periódicos, de inmediato, hace tiritar y carraquear de frío. Ni los propios europeos, siberianos, chinos, ni canadienses* ni neoyorkinos o bostonianos desean que el invierno dure una semana más. El rigor de las heladas tanto de día como de noche rompe el tejido humano más resistente.
Ver a papá Noel – todo blanco y barbado – entrar por una chimenea con nieve queda bien en una foto de papel. Pero tener que echar pala y pala para despejar el garaje, limpiar el techo, abrir la puerta por la mañana, tener que salir a comprar una medicina con fiebre, hacen poner la piel, tal como una cortada en la uña.
Nos alegramos por vivir en un país privilegiado por la naturaleza, aunque no tengamos las cuatro estaciones. No tenemos una temporada al año para ver como florecen los cerezos y los tulipanes en parques y jardines. No veremos cómo cambia el color de las hojas en otoño y cómo caen en el piso para enrojecerlo o amarillearlo. No gozaremos al ver los enormes sauces llorones de Washington ni los liquidámbars como lores. Pero en un viaje corto, volaremos hasta un páramo, hasta el pie de un nevado, hasta Caño Cristales*, el río de los cinco colores, en la serranía de La Macarena en el Meta. Ni hablar de Santa Marta o Cartagena que están contaminadas.
Compadecemos a quienes viven hoy la inclemencia del invierno y nos alegramos de que todavía en nuestra tierra sea un placer habitar cada día del año sin temor mayor por cambio del clima.
08-01-14 10:55 a.m.
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* http://www.cano-cristales.com/
* http://www.elespectador.com/noticias/elmundo/canada-se-enfrenta-ola-de-frio-extremo-de-hasta-40-grad-articulo-466705
http://www.semana.com/mundo/galeria/ola-de-frio-en-estados-unidos/370222-3



