La dictadura de la trazabilidad

La dictadura de la trazabilidad
Y otras palabritas de moda

En el incesante torbellino de la comunicación contemporánea, somos testigos de un fenómeno recurrente: la emergencia súbita de palabras que, sin previo aviso, colonizan nuestro léxico. Quien no las usa, se asume, es un ignorante o, al menos, alguien ajeno a la «dinámica global».
Por estos días, pareciera que quien no dice “trazabilidad” en una reunión, en un informe o en una entrevista de radio, simplemente no está a la altura de los tiempos. Como si no pronunciarla fuera una confesión de ignorancia, un pasaporte al atraso.
Así les ha ocurrido a muchas otras palabritas que entran a los discursos públicos con ínfulas de sofisticación y terminan imponiéndose como si fueran sinónimo de inteligencia.
¿Qué es eso de la trazabilidad, por ejemplo? En teoría, es la capacidad de seguir el rastro de algo: un producto, un documento, una acción, desde su origen hasta su destino. En la práctica, se ha vuelto una palabra mágica que se usa para revestir de importancia hasta al archivo de un acta sin firmar.
Estamos en la era de la «narrativa», de la «transformación digital», de la «sostenibilidad». Un mundo en el que se nos exige “activar sinergias”, “generar incidencia”, “escalar impactos” y “crear ecosistemas colaborativos” así no sepamos bien qué estamos diciendo, pero que suene bonito en el plan estratégico.
Hemos visto cómo la «resiliencia» desplazó a la «fortaleza», el «empoderamiento» a la «autonomía», la «disrupción» a la «innovación radical». Son anglicismos o tecnicismos que, en su origen, nacieron para nombrar fenómenos complejos o matices específicos. Sin embargo, en el camino de su popularización, a menudo pierden su precisión, se estiran para abarcar demasiado y terminan por empobrecer el idioma en lugar de enriquecerlo.
Y no podemos olvidar otra palabra comodín, transversal, multiuso, que lo dice todo sin decir nada: generar. Inclusive, generamos su uso en párrafo anterior. Hoy todo se genera. Se generan resultados, se generan vías, se generan servicios, se generan accidentes, se generan noticias, se generan procesos, se generan dinámicas… La utiliza el médico, el ingeniero, el tendero, el abogado, el periodista, el profesor y hasta el alumno. La palabra ha alcanzado tal flexibilidad que puede justificar cualquier cosa y rellenar cualquier frase. Se ha convertido en la muletilla universal del que necesita hablar sin comprometerse mucho.
El problema no es la palabra en sí, sino la inflación de su uso y su despojamiento de significado. Cuando un término técnico o especializado salta al dominio público sin una comprensión profunda, se convierte en un simple adorno, un vacío de contenido que solo busca transmitir una ilusoria vanguardia. Es el tic verbal de quienes desean sonar sofisticados sin el esfuerzo de serlo.
No es que estas palabras no tengan sentido. Algunas, de hecho, nacieron de buenas intenciones técnicas o filosóficas. Pero su uso excesivo y acrítico las ha convertido en adornos vacíos. Como cuando nos prometen que un proyecto tendrá “trazabilidad comunitaria” y lo único que se traza es la ruta del refrigerio.
Hablar claro se ha vuelto subversivo. Decir “vamos a revisar paso a paso este proceso” ya no sirve; ahora hay que “garantizar la trazabilidad transversal del componente operativo”. ¿Y quién nos traduce eso?
En tiempos de polarización, crisis ética y desconfianza institucional, las palabras importan más que nunca. No podemos seguir aceptando que nos hablen en lenguajes que excluyen, que disfrazan la ineficiencia o que ocultan la improvisación con terminología de moda.
En nuestro oficio, la palabra justa, la palabra castiza y el mensaje claro siempre serán la más alta «trazabilidad» de una comunicación efectiva.
Otras palabras de moda (algunas útiles, otras vacías):
- Narrativa: Se volvió sinónimo de “discurso”, “relato” o incluso “mentira organizada”.
- Sinergia: Palabra usada para justificar reuniones sin resultados.
- Sostenibilidad: Útil, pero muchas veces se usa como excusa para hacer lo mismo “con marketing verde”.
- Incidencia: Reemplaza a veces influencia política, participación o presión social.
- Transformación digital: A veces solo significa que alguien abrió un Excel o hizo una videollamada.
- Innovación social: Usada para bautizar cualquier idea distinta sin importar su impacto real.
- Escalabilidad: Útil en tecnología, pero se volvió sinónimo de “ojalá esto crezca algún día”.
Y hablando de «trazabilidad», nos encantaría saber qué otras «palabritas de moda» han notado ustedes en su día a día. Compartan sus observaciones y ayudemos a rastrear este fascinante fenómeno lingüístico. ¡Sus aportes le darán una valiosa ruta a nuestra reflexión!
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