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Domingo, 11 de octubre de 2026
miércoles 30 septiembre, 2009 a las 5:23 pm
LA DEMOCRACIA SABE A CALLE Y A MELAO
www.cambio.com.co/paiscambio/politicacambio/7… Randy Mora

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Colombiano
[email protected]

Cómo se nos van los ojos sobre la fantasía cuando leemos a los griegos por boca de Platón o de Aristóteles hablar de lo que es la democracia. Es un cuerpo humano que busca expresar sus sentimientos y vivir en paz. La imaginación vuela tras la utopía y ya quisiéramos que se cumpliera el mito que predicaba Rousseau de que la democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. No me gustó la definición de los cooperativistas de Inglaterra que la definieron como un voto, un hombre, porque separaron el brazo de su hombro y perdió cohesión el cuerpo entero.

La democracia es un montón de manos entrecruzadas que tienen en común un ideal, una gran pirámide de manos que se arropan una con otra para darse calor, apoyarse y darse fuerza con su unión y sus energías en la escasez o en el peligro. Es una bandada de ruiseñores que se levantan cantando sin pensar si los oye el gavilán o el lobo, que sobrevuelan la selva espesa, el río que le responde con su canto y alegran la tarea del agricultor junto a su era. La democracia es un haz de voluntades libres que sin necesidad de rejo o zanahorias, se encuentran en el camino y ríen, lloran, trabajan bajo el sol o el frío sin que el miedo los perturbe. ¡Ah!, y la democracia se encuentra allí, en el barrio, en la esquina. No está en palacios ni en cantones ni en hangares.

La democracia es el pueblo soberano que va tras su Destino, como corre el viento, sin necesidad que nadie le muestre la veleta. Los griegos al comienzo concibieron al pueblo, como una gleba, como una masa informe, caótica, como el lumpen del que más tarde habló el autor de El Capital. No pensó como el Enciclopedismo, que el hombre y la reunión de hombres, deben ser libres, o como lo predicó la Revolución Francesa, que el hombre debe ser para sus semejantes un hermano, un igual y libre.

Miguel Ángel pintó al hombre del Renacimiento desnudo, libre de las ropas que no tuvo en su nacimiento. Su ideal de hombre era la voluntad, la energía, el puño en alto para detener el rayo y alcanzar la gloria. Nietzsche describió a su hombre en una primera fase como a un camello que todo lo acepta, lo carga en medio del desierto de las sociedades, como esclavo de las cosas, pero luego se convierte en León, impetuoso, inquieto, con ojos de fuego y con uñas de identidad. En una tercera etapa resume su condición de niño y es transparencia, juega con las víboras, habla con la nube y con el perro y se contenta con el bombón y el pan que trabaja cada día.

¡Ah! Bendita democracia que todavía no conocemos y que se nos ha escamoteado. No ha bastado que hayan venido profetas como Buda, Mahoma, Alá, Jesús de Nazaret, Francisco el de Asís a enseñarnos a vivir como vecinos, como hermanos, como miembros de una misma familia sobre un paisaje, con ríos cristalinos, con el hermano árbol y las primas oruga y mariposa.

Aprendimos a hablar, a escribir, a teclear y navegar por Internet y allí encontramos que “democracia” tiene más de 10 millones de “resultados”. Dejamos atrás el analfabetismo y nos convertimos en seres inteligentes, pasamos por universidades, guerras, fanatismos, trampas, campos de alambradas, desinformación, armamentismo y corrupción. Y no hemos distinguido si por ahí, en la calle, desarrapada, estaba la democracia con su bandera blanca, como perra sin dueño y acosada por los hambrientos y los promeseros.

29-09-09 – 4:39 p.m.

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