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martes 13 febrero, 2018 a las 5:07 pm

LA CRIPTA SELLADA 2

LA CRIPTA SELLADA
LA CRIPTA SELLADA 2
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

LA CRIPTA SELLADA 2

LA CRIPTA SELLADA 2
http://es.witcher.wikia.com/wiki/Cripta_en_las_afueras?file=Places_Outskirts_Crypt_entrance.png

Terco seguí en la tarea de desenvolver la incógnita que se escondía tras la huella del barranco de marras. ¿Qué habría dentro de ese marco sellado por una capa de aluminio bien doblado?

Con paciencia – y sereno – empecé a desenvolver el cuadrado guardado dentro de la aparente caja que lucía de canto enterrada en el montículo frente a mí. Ya había empezado a desentrañarlo, tendría – entonces – que emprender el final de la tarea.

Decidido, me agaché sobre la esquina izquierda, miré bien las junturas y vi que la cubierta era de un papel algo duro recubierto de una sustancia que lo protegía de la humedad. Sentí que era como la tapa externa de un libro o de una caja enorme. La superficie que estaba encima apenas era el comienzo de un libro gordo o una caja allá, debajo de esa tapa que la protegía.

Sin más consideraciones y después de develar el miedo a sufrir un desengaño rompí, sin consideración el pretendido sello que cubría la solapada entrada a un misterio. No he sido paladín de misterios. Y de un manotazo rompí la fementida procacidad envuelta en fino y duro papel rígido y acerado. Y quedó al descubierto el fondo de una cripta.

Sí. Allá – adentro – había una cripta. O sea, un antro oscuro desde el cual miraba un esqueleto ya sin ojos. Era el esqueleto de un pajarraco. No era una cripta que guardase un tesoro, en el sentido de una riqueza que pudiera salvar de la pobreza a un miserable. No. Era como como el esqueleto de un cóndor o un avis rara que también bien pudiera ser un gallinazo.

Estaba enmarcado en un cofre abierto, ya sin fondo completo. Solo se podían apreciar unas latas rotas y oxidadas a sus lados. Podría haber sido el escudo de algún duque o conde con minúscula, caído en desgracia. Que vino algún día en un barco o carabela como en las que llegó Colón. Por años estarían guardados estos restos de su prosapia y, al fin, como todos los honores, mueren con su poseedor en la condición en que se encontraba: pobre, sin título vigente y sin herencia. Nadie lo heredó.

Lo que debía ocupar la cripta no existía. La cripta era supuesta, alguna vez pudo ser depositaria de algún bien o riqueza guardada. Pero no. No logró ese honor o deshonor, pues pudo ser mal habida. Es más. No era una cripta en el sentido estricto. Podría haber sido.

No tenía la alcurnia, la construcción, el sello de garantía de un apellido o un nombre de letras o de armas que hubiera ganado una batalla. Ni la construcción lo acreditaba. Su interior era mísero y sin ningún distintivo que le diera mérito.

Quedé defraudado. Por unos pocos minutos me sentí descubridor de algún legado y depositario de un bien mostrenco de incalculable valor. Pero no. Se esfumaron los vestigios y la inspección ocular confirmó a las claras que había sido un hallazgo fallido.

11-02-18                                        5:30 p.m.

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