LA CREACIÓN DE LA MUJER


LA CREACIÓN DE LA MUJER

Dios aprendió a crear a Eva y a Adán por allá en el año de upa! Los sacó de la nada, dice el anónimo autor del Génesis. Alguien de los escritores dice fue uno solo, tal vez Oseas.
Y, sí. El creador supremo se lució creando a la mujer con tales perfil, altura, piel, ojos, nariz, quijada, manos, dedos, senos, hombros, cabellos, brazos, sonrisa, piernas, rodillas, pies, sonrisa, voz. Y me he saltado de nombrar otros atributos y cualidades. Él lo tuvo en cuenta todo. Nada se le quedó en el tintero.
No podía haber diseñado mejor a una creatura que a la mujer. Tal vez la copió de una Ángela. Le faltarían las alas para el vuelo. Y, sin embargo, vuela cuando es necesario. No podemos pensar que al Creador le quedó faltando algo. Sería muy humano. Ah, se me olvidó poner que la había dotado de cualidades como reír, sonreír, hablar, cantar, llorar, musitar en el oído, amar, parir, soñar despierta, enamorarse y enamorar.
Recibo con frecuencia en mi correo los dibujos del maestro caucano Rodrigo Valencia Quijano y algunas veces he querido adquirir algunos cuadros suyos que me fascinan por su perfección. De malas. Porque ya los ha vendido. Me he sentido algo frustrado. Por haber llegado tarde. Pero no. Él me consuela diciendo «lo tiene fulana en su finca o zutano en su oficina».
Al azar, porque así ha sido, he tomado esta figura de hoy que me ha llegado ayer, como muchas otras pinturas suyas. Qué perfección. Parece una foto de alguna modelo de las que posaron para los grandes genios como para Picasso, Miguel Ángel, El Giotto o Rouault en sus estudios.
La escogí porque no tiene morbo, porque está casi del todo ladeada hacia la izquierda. Apenas si deja ver algo de su derriére y ella le hizo caso de quedarse así hasta donde era más prudente.
No hay necesidad de ver más para poder decir que maese Rodrigo logró emular a los grandes pintores de rostros y cuerpos femeninos como la Maja desnuda de Goya. Poder ver esas obras es un privilegio. Dice bien de la mujer y dice bien de la pintura y de quien pintó tan delicada efigie.
Perdón que diga efigie. Pero es que se adivina. No se le puede ver la belleza del rostro que es la máxima expresión o seña de que es tal «persona». Pero se adivina y se sabe que es culta, cuidadosa, hermosa, delicada, además de recatada. No quiso o no permitió que la pintara con más perfil que el que ella quiso. Allá, en el espejo, uno quisiera voltearlo para mirar los detalles. Pero, no. El maestro Valencia es muy sabio y sabía que era un recurso para dar más realce a la curiosidad del visitante a su estudio.
Con lo dicho basta, puede uno decir cuando mira una pintura tan cercana a la realidad.
27-02-18 9:22 a.m.



