Ir al contenido principal

Red de Medios Proclama del Pacífico Noticias

Pico y Placa Sábado:
Popayán No aplica
Cali No aplica
Sábado, 3 de octubre de 2026

La ciudad como enigma y como pregunta

La ciudad como enigma y como pregunta
La ciudad como enigma y como pregunta
Imagen de fondo: https://www.semana.com/

La ciudad como enigma y como pregunta

Víctor Paz Otero

Siempre será tentativa fallida e ilusoria pretender que la ciudad, cualquier ciudad, pueda ser susceptible de comprenderse o descifrarse por medio de los artificios conceptuales elaborados por cualquier teoría. En primer término, porque la ciudad en sí misma y en esencia siempre será un enigma, una totalidad en cierto sentido “misteriosa” irreductible a una sola forma de pensar o a una sola forma del percibirla.

Las ciudades en primera instancia se nos revelan como hechos que instauran un complejo ser histórico y vital siempre en devenir, siempre constituyéndose, siempre engendrando una compleja y hasta laberíntica manera de renovar su propio ser histórico y siempre condicionando los contenidos cambiantes y las formas de percepción que caracterizan la vida de quienes la habitan y al habitarla la continúan haciendo y construyendo. Esa complejidad vital e histórica no puede caber ni ser reducida a una simple comprensión racional, no puede convertirse en un transparente objeto de estudio o de conocimiento. La ciudad no es un hecho lógico, como los que pretendidamente quiere construir eso que nombramos como ciencia para obtener un conocimiento que se juzga verdadero e indiscutido sobre algo.

En este sentido no hay teoría válida o legítima sobre la ciudad, puesto que no hay teoría ni válida ni legítima sobre la vida ni sobre la historia. Y la ciudad hoy más que nunca es el escenario privilegiado de la vida humana. Y tanto la vida como la historia, escapan a esa pretensión totalitaria, con la cual el pretendido conocimiento científico quiere imponernos y convencernos de que solo con la aplicación de sus, metodologías –por lo general empíricas y descriptivas- la verdad puede estar al alcance de nuestras manos.

Hago la anterior reflexión aclaratoria e introductoria, ya que, en el mundo actual, este mismo mundo donde existimos e inexistimos, se ha venido generalizando y extendiendo la confusa e insostenible noción, la equívoca idea, de que solo la ciencia racional, experimental y empírica, es la única que certifica como admisible el conocimiento y la supuesta verdad que ella produce.

Hemos llegado a una especie de “teología cientificista”, donde se proclama como en las viejas y superadas épocas, que fuera de esa ciencia no hay salvación ni hay conocimiento. Esta falsa pretensión, esta frágil y endeble premisa ha impregnado y hasta preñado de manera muy significativa los supuestos saberes académicos. De manera acrítica y hasta irresponsable, la UNIVERSIDAD CONTEMPORANEA, se ha venido autoconfigurando como el templo o el recinto sagrado, donde esta verdad racionalista irradia su iluminante y equívoca verdad. Estamos hoy sometidos a su imperio; pero es el sometimiento generalizado a una nueva y mistificadora superstición. Y hoy como en el lejano ayer, la superstición se torna excluyente, discriminante, intolerante y dogmática. Superstición que quiere abarcar todas las dimensiones donde se expresan todas la fuerzas creadoras y transformadoras del espíritu humano.

Sin negar los deslumbrantes y hasta avasallantes logros que ha logrado esa ciencia moderna, sin desconocer el valor y la utilidad impredecible de ese conocimiento que casi siempre acaba convertido en técnica y en tecnología, lo preocupante y angustioso es constatar que ese conocimiento y esa técnica es muy poco lo que tiene que decir o lo que tiene que aportar acerca de las preguntas esenciales y de las expectativas puramente existenciales que siguen acosando al hombre de nuestro tiempo. Los interrogantes que provocan tanto el flujo de la vida como de la historia humana no encuentran respuesta en los inmensos logros de ese tipo de ciencia.

Hoy más que nunca el ser humano está frente a una paradoja, esa sí irracional y que solo le genera estupor y desconcierto y es la de saber que el conocimiento científico en lo esencial y en lo general solo sirve para dominar el mundo y la naturaleza, para ejercer poder sobre la materia, la energía, la luz, el espacio o las partículas y etc., etc., pero que es un conocimiento que enmudece frente a los significados y contenidos de los que es más específicamente humano.

El ser humano contemporáneo parece haberse convertido en una eficiente maquina con lucro, pero sin alma. Las ciencias y las especialidades han contribuido a esa alquimia perversa. Ya no caben dudas sobre aquello de que el sueño de la razón produce monstruos. Esa ciencia racional, en buena parte, es ciencia deshumanizante. Mientras más avanza en el conocimiento y en el dominio del mundo más se aleja del conocimiento y la comprensión del misterio que entraña la vida del hombre.

Puedo suponer, que los probables lectores de esta columna se pregunten con cierto desconcierto ¿qué tiene que ver toda esta “carreta” con el tema de la ciudad? Solo quiero contar que el viernes 20 de abril, patrocinado por la FUNDACIÓN UNIVERSITARIA DE POPAYÁN y por la UNIVERSIDAD DEL CAUCA, daremos inicio a un DIPLOMADO sobre Popayán. Y que una pregunta sobre la ciudad es también una pregunta sobre la vida y sobre la historia. Y que la ciudad no es solo un tema, en estricto sentido son la totalidad de los grandes temas que se articulan a los ritos de la vida personal y colectiva. Tendremos muchas horas para aproximarnos a reflexionar sobre muchos de ellos.

************************

Otras publicaciones de este autor en Proclama del Cauca y Valle:

Víctor Paz Otero

Articulos relacionados