La Casa del señor Medina


El año pasado la Editorial Universidad del Cauca publicó una novela de Francisco González Medina, titulada “La Casa del señor Medina”. La leí con mucho agrado, recordando tiempos pasados, parte de nuestra geografía, historia, nuestras costumbres y nuestras gentes, también paisajes, sentimientos, mitos, tradiciones y lo que debe tener una buena narración, fuera de la magnífica estructura literaria y los recursos que usa para hacer agradable la lectura, intriga, acción, suspenso, erotismo, y un desenlace que nadie espera.
González Medina, de los González caleño-opitas, y de los Bastidas de Popayán, es hermano del autor de “El Escampadero”, René, un poeta amigo con quien compartí en la capital caucana parte de las décadas de los 80 y 90, y a quien me encontraba en Bogotá en algunas ocasiones. González Medina, de los Medina de El Tambo, Cauca, radicado hace muchos años en la vecina Jamundí, donde dirigió la Casa de la Cultura por una larga pero productiva temporada, también había escrito otras publicaciones: El galpón (2007), El tren viaja con los sueños (2010) y María sigue siendo virgen (2012).

Por mis interminables andanzas periodísticas y literarias, yo conocía a Francisco desde hace muchos años. Él a mí, no. Pero dizque había oído hablar de mí, me dijo cuando tuve la fortuna de entrevistarlo en la emisora Proclama del Cauca (clik en el enlace para escuchar). Me interesaba ser su amigo porque yo siempre me las “pico” con amistades famosas y creativas, y por esas privilegiadas coincidencias que nos brinda el diario ajetreo de quienes buscamos oportunidades para ganar amigos, el primero de noviembre del año pasado llegó el personaje a nuestras oficinas. Me obsequió un ejemplar de su última obra literaria.

Luego de la entrevista me impuse la tarea de leer “La Casa del señor Medina”, 51 capítulos, cortos, fáciles de leer, donde asistimos a un ir y venir de personajes, en un entrañable municipio caucano, El Tambo. Allí, en un viejo hotel, Alejandro y su novia Laura, sueñan con volverse ricos, con llenarse de oro, y en ese trasegar intervienen el señor Marroquín, la tía Vicenta y la abuela Antonia, el señor notario, entre otros, que para el lector pareciera que son descritos como en fotografías vivas que nos permiten sentir olores, colores, ruidos y esperanzas, todo, enmarcado en un diseño cronológico que se le brinda al lector para ser parte significativa de la narración. Es más, se van mostrando pinceladas dispersas que acaban por componer la imagen de lo que se quiere describir, y al final, un inesperado desenlace que deja una conmoción espiritual, no sé si de frustración o infortunio, pero acorde con la incertidumbre de los destinos humanos descritos en la obra.

En “La Casa del señor Medina”, me llamó la atención el habla coloquial, viva, que refuerza la verosimilitud, la sensación de realidad, y por los detalles que entrega, se deduce el escritor omnisciente que describe con minuciosidad lo que piensan, sienten y sueñan los personajes; inclusive, se aprecia el alto grado de subjetividad en el tratamiento que le da a los protagonistas: el que otorga un narrador comprometido con su obra y con los lectores.
Creo finalmente que los padres de Francisco, María Elfa y Francisco Antonio, que siguen vivos en la memoria del escritor, estarán satisfechos de esta nueva obra que él les dedicó, igual que a sus tías Gloria y Leonor, porque inmortaliza un escenario costumbrista caucano que tiene sus raíces históricas en la misma guerra por la independencia declarada a España.
El Dorado, una ilusión en cierne.
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En contexto: http://www.proclamadelpacifico.com/2016/12/la-casa-del-senor-medina-otra-obra-francisco-gonzalez-medina.html



