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Lunes, 5 de octubre de 2026
lunes 13 abril, 2009 a las 9:20 pm

La carne se hizo Verbo

La relación que tiene la práctica regular de actividades físicas con el corazón es inobjetable. Especialmente el ejercicio aeróbico produce modificaciones favorables que conducen a fortalecerlo lo cual implica efectos en todo el cuerpo al mejorar el metabolismo y la funcionalidad. La actividad comienza allí, con un cuerpo saludable y en buen funcionamiento. Un cuerpo que sea todo lo que puede ser, lo cual exige dedicación, compromiso y disciplina. Pero así mismo retroalimentación de las motivaciones para una actividad física que tiene lugar en el juego. El cuerpo desea jugar, de la misma manera que la mente desea la verdad y el alma la bondad.

Es la búsqueda del Homo ludens como lo llamó Johan Huizinga para diferenciarlo del Homo sapiens (pensador), y del Homo faber (realizador). Esto no es nuevo, Platón lo dice en sus Leyes: “La vida debe ser vivida como un juego, jugando ciertos juegos, cantando y bailando”. Esta idea estuvo en auge en el Renacimiento cuando se fueron perfeccionando las actividades físicas y el deporte como tal se iba estructurando.

Pero los enemigos del hombre y el cuerpo activo prevalecieron durante la Reforma lo cual estancó la evolución del juego y el deporte. En el Siglo XIX y la Revolución Industrial aun fueron peores. El utilitarismo, la eficiencia, la naciente moderna tecnología y las aspiraciones estudiosas hicieron naufragar el espíritu del juego y el deporte. “Toda Europa se vistió de caldera” diría Huizinga».

El renacimiento para el deporte fue el Siglo XX por el incondicional apoyo de la ciencia y la expectativa de los intelectuales. Estos últimos prestan atención al deporte partiendo del supuesto de que debe servir para algo que no sea deporte, no ven que el juego es un elemento básico de la vida que resiste todos los análisis.

El deporte es una actividad supralógica, en el que la belleza y el poder del cuerpo humano pueden alcanzar su cenit. Del mismo modo que una actividad como la celebración de la Semana Santa, que también se halla más allá de la lógica, confirma el único valor y el único destino del hombre. Así, pues, es probable que los intelectuales estén tan desconcertados con el juego como los teólogos con la Semana Santa.

El hombre que se divierte es tan místico y supralógico como el Verbo hecho carne. La historia atestigua que solo el misticismo concede la oportunidad, por pequeña que sea, de ser comprendido por el pueblo. El filósofo Jean Houston ha observado: “Tendemos a pensar en el hombre fáustico como el que trama, manipula y seduce, para acabar destruyendo. Pero la nueva imagen será el hombre creador, el artista, el deportista”.

El juego competitivo sería para todos. Y la arena,la cancha y la pista, sería el mundo. Y la buena nueva es la que el hombre acabará por triunfar.Todos nosotros podemos ser grandes jugadores y campeones. Todos tenemos la posibilidad, la evolución del juego y el deporte han construido espacio para todos al menos para alcanzar unos efectos y beneficios directos en el propio cuerpo empezando por el corazón.

Entonces ese corazón que se vuelve fuerte y enriquece el cuerpo en su integridad también se llena de bondad cuando entendemos la dimensión y expresión del movimiento en el juego y el deporte. También existe un corazón de atleta que ama y expresa amistad, que tiene sentimientos más allá de la fuerza de su miocardio, es el músculo que también tiene emociones y afectos, la carne también hecha Verbo.

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