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Viernes, 2 de octubre de 2026
viernes 15 abril, 2011 a las 5:50 am

JUDAS

Rodrigo Valencia Q
Especial para Proclama del Cauca
Ilustración: Judas, plumilla por Rodrigo Valencia Q, copia desde un dibujo original de Iván Valencia Q
“No me reconozco; he traicionado al Maestro, me quema una angustia como fuego eterno. Él era hermoso, manso, su rostro como un sol; nos enseñó la ciencia de la piedad, nos miró con ojos de paloma, labró un camino a las alturas, domeñó las piedras de los corazones, habló con la santidad de las razones”.
“Reconócete”, me dijo; “tú eres el asiento del Perfecto, su amor descansa en ti; vuelve a tu propio lugar, allí donde tu alma eres tú en el centro de tu Dios” “Entre mis dudas, yo lo amaba, pero a veces mi rostro lo esquivaba; no resistía su mirada luminosa, sobrecogía hasta la médula, y ahora no puedo buscarlo, su perdón es un enigma; está mi corazón tan encogido y sudoroso, sangra como fuente eterna… ¡Oh Dios!, ¿qué he hecho? Si pudiera descansar en la distancia con las nubes mansas… vería mi propio sitio en la paz de los días y las noches… El cielo me amenaza como mil relámpagos, la noche grita mis pecados, he violado lo más sagrado de la humanidad, he roto el arca de la alianza, no soporto ni mi propia mirada”.
“¿Debo ahora ser un solitario, un engendro odiado por los hombres, un sayal de suplicios para mí mismo y los demás? ¿Podría acaso conminar a quienes me repudian, serían capaces de mirarme sin el veneno que nace del desprecio? Andaré errante por desiertos lacerantes, el ángel ya no me cura mis entrañas. Huyo de mí mismo, no encuentro lugar seguro, las piedras son como ojos crispados de los juicios más terribles, me tienta esta encina donde antes solía buscar el fresco de su sombra”.
“Es cierto, el sanedrín me acuciaba; su invitación era un desliz al engaño más terrible. Siento aún sus voces de bronce, me atraían con fuerza que esconde nidos de víboras, y ahora el demonio ha crecido en mí como ese árbol antiguo que me llama y tiraniza mi espíritu atormentado”.
“Sí; el Maestro me acogió a su lado, me dijo secretos al oído que ahora no soy capaz de estrechar en la memoria; lloraría terriblemente durante todo lo que me resta de esta vida. ¿Adónde mirar? ¡No hay ángulo, horizonte ni estepa que me acoja; un paria es un sol al lado mío!… El mundo es una joroba inmensa, me sofoca, sangre es mi risa… Me mira la serpiente en ese árbol, me invita a un cierto desprecio de la vida… ¿Seré acaso un extranjero en las tinieblas, no habrá un lugar que pueda soportar mi nombre, alguien querrá tomar mi carga, desquiciar el juicio con mis prendas?
“No resisto más la carcajada del tiempo, las clepsidras me marcan la hora del destino… La encina me llama, hay un brillo de tinieblas, un grito poderoso, un quejido quiebra hasta la luna… Hay un cuervo allí posado, su mirar es más oscuro que la noche…”
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