JOVENES CAUCA UNIDOS POR LA PAZ

El mal sufrido debe inscribirse en la memoria colectiva,
pero para dar una nueva oportunidad al porvenir.
Tzvetan Todorov
Muchas generaciones han cantado a coro “Mambrú se fue a la guerra” y han pasado de esa sencilla estrofa cantada por muchos de forma lúdica, a una realidad que embarga de pena y dolor a nuestra enlutada patria colombiana. Y es que, quisiéramos que la guerra solo fuera un juego de expresiones lúdicas, pero no, es una realidad que ha cobrado la vida a más de 270.000 compatriotas. Dura realidad, que tristemente se ha convertido en la cotidianidad de tres generaciones que han visto pasar los años matándose unos con otros dando pie a un debate bélico, en el cual las balas son las que razonan por los vivos, y los muertos son trofeo de guerra.
La verdad es que estoy muy triste y desilusionada, como no había estado en años, ni siquiera cuando vi correr la sangre por los canales de la que era mi casa, esta tristeza sumada a cansancio y rabia me lastiman profundamente. La guerra se ha propuesto joderme la vida y no se cansa de hacerlo, estoy harta, ya no tengo 35 años como cuando me desplacé, a veces me pregunto ¿cuál ha sido mi pecado?, ¿cuál ha sido mi error? Yo me he tenido que enfrentar a un Estado y una sociedad podridos, a un sistema macabro en donde sobrevive el que tiene los medios para someter al resto. […] no le estamos quitando la tierra a nadie, tenemos derechos, solo queremos que se nos garantice el acceso a esos derechos. (Testimonio mujer en la Costa Caribe).
En esta lógica, ¿Quién quiere vivir en guerra? Y la respuesta sería, tal vez, la de quienes nunca han tenido que vivir la angustia de saber que la muerte puede esperarte camuflada en una bala, mina o bomba. Así, es muy fácil invitar al conflicto, cuando los que le ponen el pecho a las balas son humildes policías, militares y civiles que defienden o toman el lugar del que nunca iría a la guerra, porque la guerra colombiana sí tiene estratos sociales y nuestros muertos del conflicto también, son los más pobres de Colombia.
Por tal motivo, a usted, que lee este artículo, ¿le gustaría darle la oportunidad a su hijo o hija de vivir en un país con más y mejores oportunidades? Si la respuesta es sí, sin duda ahora tiene una oportunidad, y es decidir el bienestar de las nuevas generaciones, porque la guerra no solamente es muerte, sino también falta de oportunidades, pobreza, desigualdad, miseria, rencores, intolerancia y lo más triste que puede tener una sociedad, su deshumanización.
Finalmente, nunca supe si mambrú existió, si fue a la guerra o no, pero lo que sí sé, es que tal vez no volverá, porque seguramente murió en la lógica de la guerra. Por eso hoy, tenemos en nuestros hombros la responsabilidad histórica más grande en nuestras decisiones políticas, y es saber que la Paz no es un juego, es ese bien supremo que nos pertenece a todos y que es nuestro deber hacer hasta lo imposible por alcanzarla, así algunos nos quieran arrebatar ese derecho, prometiendo dinero, aumento de sueldos, y falacias a cambio de la dignidad y la vida de los Colombianos ¡Tú decides, es ahora o nunca!




