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Sábado, 10 de octubre de 2026

La construcción de una candidatura desde los márgenes

Iván Cepeda Castro

Iván Cepeda

La construcción de una candidatura desde los márgenes.
Imagen: https://www.facebook.com/IvanCepedaCastro
Stella Ramírez Granobles
Stella Ramírez Granobles

En un país cansado del desgaste de las élites y de la desconfianza hacia los viejos partidos, el nombre de Iván Cepeda empieza a resonar con fuerza hacia el 2026.

Su candidatura no nace de maquinarias ni de cálculos electorales, sino de un acumulado de décadas: defensa de derechos humanos, presencia en territorios olvidados y un discurso coherente frente a la desigualdad. Ese capital político, imposible de fabricar de un día para otro, explica su creciente centralidad en el debate nacional.

A diferencia de quienes construyen visibilidad desde los medios o los grupos económicos, Cepeda articula su fuerza desde abajo.

Su trayectoria le permite hablarles a comunidades que históricamente han desconfiado del Estado, pero que reconocen en él a un dirigente que no solo denunció violencias: las acompañó.

Su discurso se sostiene en tres ejes claros: justicia social, redistribución de la riqueza y protección de las poblaciones históricamente excluidas.

No son temas nuevos, pero adquieren otra fuerza en un país donde la desigualdad, la pobreza y la concentración de la tierra se han profundizado.

En ese terreno, Cepeda no es un slogan: es un referente.

Por eso su nombre incomoda. Su liderazgo interpela las bases mismas del modelo económico y toca intereses que han bloqueado cualquier reforma estructural. Para sus defensores, representa la posibilidad de unificar el voto de los olvidados; para sus detractores, un riesgo para el orden de privilegios establecido.

Lo cierto es que su aparición revela un viraje en la conversación pública: del gerencialismo vacío hacia la pregunta por la justicia distributiva. Y en ese debate, Cepeda tiene una ventaja que pocos pueden exhibir: coherencia.

Su candidatura pondrá sobre la mesa un dilema que Colombia ha aplazado por décadas: quién ha pagado los costos del modelo y quién ha recogido los beneficios.

Y en ese balance, conviene no olvidar una verdad elemental: en número, en fuerza y en dignidad, la población pobre de Colombia es mucho más grande que la élite que siempre ha querido hablar en su nombre.

La aceptación de la candidatura de Cepeda crece cada día, entre más ataques al gobierno Petro, y al mismo candidato, más votos para su proyecto político.

Tardecito entendió la extrema derecha que los ataques al presidente Petro por todos los medios hegemónicos, radio, prensa y televisión, fue el detonante que acabó con sus campañas.

El proyecto político de odio generalizado contra el presidente Petro no les funcionó.

Así las cosas, bien se le puede decir a muchos y muchas: -No se visten que no van para la fiesta de la democracia, el pueblo no los va a invitar-


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