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jueves 28 abril, 2011 a las 6:15 pm
INUTILIDADES DEL DIARIO ÍNTIMO

anabelchi.blogspot.com/2010/05/virginia-woolf…

Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

Colombiano

El escritor Ángel Castaño Guzmán en www.cronicadelquindio.com presenta la tesis de Alan Pauls sobre la inutilidad del diario íntimo para alimentar o radiografiar el adelanto del conocimiento propio, según lo proponía Sócrates. Y asegura, en cambio, que solo sirve para verificar el “grado de transformación vital entre la primera y la última entrada”. Y concluye su aporte diciendo que en las tres escenas de diarios diferentes – que copia para los lectores – observa su retina asombrada “un destello de otros”.

Los diarios íntimos no lo son tanto. Ni son tan diarios ni son tan íntimos. Ana Frank, Van Gogh, Juana Inés, la Woolf escribieron notas con paciencia y asiduidad sin pensar que otros las leerían algún día. Registraban allí sus reflexiones sobre hechos que en algo se relacionaban con su individualidad o su pensamiento sobre lo que ocurría en su entorno. Los directores espirituales en los conventos lo imponían a sus pupilos y doncellas como método para registrar su adelanto en la disciplina religiosa y su relación con el Dios de sus conciencias.

¿Cuánto debe perdurar la escritura de un diario para poder decir que vale como testimonio del progreso en el autoconocimiento? ¿Qué persigue un escritor dedicado a su oficio cuando día a día escribe crónicas de lo que vive, observa y le conmueve? ¿En una novela o una serie de novelas de un mismo escritor se pueden leer los rastros de su adelanto como ser inserto en una cultura que evoluciona? ¿No han escrito los críticos que muchas veces los escritores se desnudan apropiando sus experiencias en sus personajes y en las acciones que describen?

Escribir un diario, encontrar escritores que tengan la tenacidad de registrar sus emociones, su visión de lo que ocurre alrededor, no es cosa común ni signo de superficialidad. Sócrates no escribió un diario para conocerse y convertirse en autoridad en su tiempo. Se sabe que dialogó en el ágora y sentado afuera, en el quicio de la puerta, con uno, con tres, con diez interlocutores, entre ellos Platón, que recogió sus sentencias y genialidades.

Escribir un diario es diferente a escribir a diario. Y escribir a diario de las cosas que suceden, de lo que da rabia y risa, burlarse de las estulticias de quienes hacen justicia, ironizar sobre la religión, cantar a las aguas o a las garzas, rememorar un concierto o un recital de poesía, croniquear sobre hechos políticos o sobre empleo, mantiene sana la mente y vigente la capacidad de opinar. Eso es signo de mantenerse al día, en conexión con la cultura y la sociedad, estar colgado del tiempo y de las ideas que predominan.

Son muy pocos los que guardan debajo de su almohada sus escritos y los cuidan con perro guardián “para que nadie los lea”, como hacían las quinceañeras en competencia y con envidia. Y son muchos los que dejan en periódicos y revistas su pensamiento al garete. Algunos los leerán sin cavilar que son diarios íntimos o destellos de los otros. Pero esas líneas salieron de la más íntima convicción del escritor. Si se examinan sin mucha lupa se podrá saber qué clase de especimen es quien las pensó. Será un derechista, un iconoclasta, un soñador, un planificador, o un vendido al régimen.

28-04-11 – 12.05 p.m.
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