INTERROGANTES


«Por estos días los expertos no han desestimado ningún medio para enfrascarse en las polémicas, suscitadas incluso por las posiciones contradictorias y divergentes del alto gobierno, que hoy dice una cosa y mañana sale con otra».
Ahora que dicen que el proceso de paz en La Habana está en las últimas instancias, han surgido infinidad de propuestas de índole jurídica, contradictorias y llenas de discusiones sobre articulados, propias de expertos en derecho constitucional, mientras el pueblo se mantiene alejado e incapaz de asimilar las discusiones, las que seguramente tampoco le importan, en el fondo, pero cuyo papel será decisivo al momento de refrendar los eventuales acuerdos a que se llegue. Por estos días los expertos no han desestimado ningún medio para enfrascarse en las polémicas, suscitadas incluso por las posiciones contradictorias y divergentes del alto gobierno, que hoy dice una cosa y mañana sale con otra. Lo del llamado «Congresito», o Alta Comisión Parlamentaria, son especies ajenas a nuestra tradición constitucional. Nuestro maestro, Ernesto Saa Velasco, en sus libros y en la cátedra nos enseñó que las formas de participación democrática están allí en el título IV, art.103 de la Carta Política, el plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, la iniciativa parlamentaria y la revocatoria del mandato, cada uno de ellas ampliamente reglamentada por la ley, para su aplicación, utilidad y pertinencia. Y la pregunta que hemos venido formulando con insistencia, porqué al presidente Santos hace un mes le parecía conveniente el referendo popular que revalidaría los acuerdos, y hoy comienza a utilizar eufemismos y a hacer cada vez propuestas que confunden a la opinión, cuando precisamente ya es hora de que comience a levantarse el telón de los acuerdos secretos, a los que se dice se ha llegado. Pregunta sin respuesta. Como tampoco la ha tenido la importante hipótesis planteada desde las cárceles, por parte de los guerrilleros de las FARC, y los mismos militares presos, quienes por razones humanitarias, solicitan se estudie su salida a la libertad, al unísono, a cambio de contar, unos y otros, sus verdades, es decir los peores crímenes cometidos por ellos en cinco décadas de guerra. Un proyecto que el Comité de Reconciliación ha venido estudiando desde 2011, y que por lo mismo, por su seriedad, merece una condigna respuesta. La cárcel los hizo amigos, a pesar de haber combatido toda la vida en orillas opuestas. Pero para eso se requiere absoluta transparencia y celeridad, antes que enredarse en la búsqueda de instrumentos que siempre desde 1991 han estado allí, en el texto de la Constitución Nacional.




