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Domingo, 11 de octubre de 2026
domingo 13 mayo, 2012 a las 11:44 am

Insistir en cultura ciudadana

CARLOS E. CAÑAR SARRIA
“La ciudad necesita con urgencia una gran campaña de cultura ciudadana, que debe ser prolongada en el tiempo, para que se vean sus frutos y lograr que cada habitante se transforme en impulsor de la cultura cívica”. Anota ayer el Editorial de este periódico.

En múltiples columnas de opinión hemos insistido en lo mismo, pero estas inquietudes no tienen eco. No hay motivación por estos asuntos. Por eso, lo que debe ser esencial en la consecución de una ciudad feliz, en el mejoramiento de las relaciones interpersonales, en la preservación del medio ambiente, en salvaguardar los bienes de uso público, etc., se menosprecia. Recordemos algunas de nuestras múltiples inquietudes ya publicadas: “Nos gustaría conocer sobre proyectos para fortalecer la cultura ciudadana en nuestro municipio. Encontramos grandes debilidades en el comportamiento de habitantes y ciudadanos, lo cual contrasta con el apelativo de ciudad culta”.

“La administración de la ciudad y la participación en ella, exigen una serie de conocimientos y comportamientos por parte de gobernantes y gobernados que los conduzca hacia la consecución de propósitos comunes, que posibiliten la convivencia y la felicidad de las personas como objetivo fundamental de la Ética. En nuestras ciudades sobran habitantes y faltan ciudadanos, existe desatención en construir o reconstruir tejido social. Una cosa es la población civil y otra muy diferente la sociedad civil. Esta última no será posible sin la formación de ciudadanos y sin sentido de comunidad. La falta de compromisos cívicos entre gobernantes y gobernados, hacen tensas las relaciones interpersonales y conflictivas las relaciones entre Estado y sociedad. El caos se adueña de las ciudades y la vida en este entorno se convierte en una miseria”.

“Las ciudades deben convertirse en escenarios donde su gente se sienta gratificada y amañada, donde se mantenga una identidad común que implique el cumplimiento de los derechos y obligaciones que como habitantes y ciudadanos a todos nos atañen. Sin sentido de pertenencia es difícil la participación y la cohesión social que hagan posible un imaginario colectivo de amor por la ciudad”.

“Hemos insistido en afirmar que en la medida en que las ciudades van creciendo en población, en asentamientos humanos y en todos aquellos aspectos relacionados con los procesos de modernización, más caótica se hace la vida citadina y el control social tiende a salírseles de las manos a los gobiernos locales. Cuando habitantes y ciudadanos pierden la tranquilidad y en su comportamiento cotidiano cunde el miedo y la zozobra es porque la normatividad existente no opera o los mecanismos y actores para hacerla respetar son insuficientes y en algunos extremos,  inoperantes”.

“Es necesario también, educar a las familias y a la población infantil y juvenil. Como dice Sócrates, hay que enseñar a niños y jóvenes a ser buenos ciudadanos. Al respecto, ¿Cómo van las administraciones locales cuyos candidatos en sus discursos de campaña se desgastan prometiendo construcción de ciudadanía? ¿Cómo van en este asunto también, las instituciones educativas y las mismas universidades? Un compromiso en este sentido, podría ser una buena opción y acción profiláctica para tener que evitar la sanción o el castigo”.

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