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Jueves, 1 de octubre de 2026

Informales y emprendedores

Informales y emprendedores
Informales y emprendedores
Imagen generada mediante IA asistida por Grok.

SILVIO AVENDAÑO

Hacia los años ochenta del siglo XX se vislumbró el futuro con el neoliberalismo, diferente del liberalismo. Éste último es una filosofía, en la cual lo importante es la libertad del individuo; mientras que el neoliberalismo es una doctrina económica que se sustenta en el libre mercado, la iniciativa económica.

Por estas latitudes, llegó la “buena nueva”. Mucho más se consideró que con tal propuesta se llegaba al final de la historia, y, así se dijo “bienvenidos al futuro…”

Y sin la menor cautela las empresas públicas se pasaron a las manos del capital privado. Un ejemplo de ello es lo que se hizo con Telecom. Las telecomunicaciones pasaron a manos privadas, lo mismo que la salud y las garantías sociales.

Sucedió que, con el neoliberalismo, por cuestiones del costo laboral, muchas empresas se marcharon a países donde el salario de un día no llegaba a tres dólares.

En este país se dijo que era una lástima pues en este espacio el salario tenía mayor valor.

Y la emigración de empresas comenzó su traslado al lugar donde el salario del trabajador fuera benéfico para los empresarios.

Con ello la producción del país, en buena parte se vino al suelo. Las mercancías del exterior, con menores precios desplazaron a los productos locales en los centros comerciales.

La industria harinera, con los molinos, se abandonó. Han ido desapareciendo los campos cultivados de trigo, cebada y maíz. Es menos costoso si tales productos llegan del exterior.

Hubo reformas en la jornada laboral, la vinculación de trabajadores a tiempo indefinido con garantías sociales se cambió y, en su lugar, se impusieron los contratos de corto tiempo.

La economía del trabajo, la vida sin salario se convirtió en el horizonte y, la calamidad para aquellos desposeídos de la tierra, aquellos a quienes se les terminó el trabajo porque las empresas, fábricas quebraron, cerraron o bien iniciaron el viaje al mundo donde el crecimiento del capital era exitoso.

Desde entonces, el bribón, el sinvergüenza, el ladrón, el mendigo, el estafador, el desempleado, el hombre hambriento, el desdichado y criminal no existen en la economía, pero no quedan excluidos porque son objeto para los ojos del doctor, del juez, del sepulturero, de la policia.

Y claro que el nuevo horizonte crece y crece a la sombra de los informales. Un conjunto de hombres y mujeres sin protección alguna. Trabajadores sin derechos, ni vacaciones, ni indemnización, sin seguridad social y de los emprendedores, quienes buscan solución a un problema o mejorar un producto o un servicio.

Innovación se dice desde cero y no hay jefes, sino el creador de su proyecto. Y, así en la ciudad se escucha: ¡Moto, Moto! ofreciendo el transporte en moto. A lo largo del día se escucha las sirenas de las ambulancias en busca de nuevos clientes. Un uber se detiene ofrece su servicio. Los vendedores ambulantes gritan sus ofertas por las calles. Los toldos de los “microemprendedores” se extienden sobre los andenes, ofrecen multitud de cosas y, los negocitos en cualquier vivienda abren la esperanza de una vida sin salario. Y mientras tanto, llegan por el mar o, en grandes furgones los productos, de otras latitudes a los supermercados, a la espera de los clientes.


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