INDUSTRIA – CULTURA -ARTE (1)
Phánor Terán, desde Tunía, patrimonio cultural de Piendamó, Marzo 06, 2.012
Ciertamente resulta estimulante, si puede acuñarse el término, que las actividades culturales y artísticas, reciban el remoquete de INDUSTRIAS CULTURALES.
Después de haber estado señaladas, estigmatizadas, como cosa superflua realizada con cierto ingenio por haraganes, desocupados, frustrados, locatos, lunáticos, resentidos, desubicados, que ahora hagamos parte de la vida industriosa no deja de parecer sorprendente.
Con lo industria se reconoce en primera instancia al arte, y al quehacer cultural como trabajo. La “sociedad” pareciera percatarse, por fin, que parir una obra, que insistir sobre la valoración de las cosas y relaciones que hacen posible la vida humana no es cosa fácil, y que se necesita bastante más energía, instrumentos, materiales, tiempo, disciplina.
Con lo de industria, también se trata de reconocer que tanto la labor artística como el quehacer cultural son cosas útiles a la sociedad. No pocas son, han sido y serán, las historias individuales de artistas y cultores que pasaron su existencia insistiendo inútilmente, hasta el sacrificio o el suicidio, en la utilidad de la expresión estética.
Con lo de industria también pretende reconocer que con las actividades culturales y artísticas se pueda, se deba, se quiera y se tenga que vivir. Pareciera que se dejara atrás la vieja costumbre de que al músico se le paga con aguardiente, o que a duras penas, se merezca un bocado en la parte trasera de la recepción, y el transporte para que se desplacen.
Con lo de industria también es factible, y en fin de cuentas de esto se trata, que se reconozca que no solo se puede vivir, que se le puede sacar partido, ganancia, utilidad económica, beneficio social, político y personal.
Y también con lo de industria es factible que se reconozca que se puede hacer de todo como con la industria y su aliado fundamental, el comercio: productos buenos y malos, estafar, falsear, sobrefacturar, exportar, importar, permutar, llenar bolsillos avivatos, explotar o expropiar a otros para que terminen como los obreros de la construcción erigiendo palacios y viviendo en covachas miserables.
También con lo de la industria es posible que se prohíje la exhibición, la pantalla, la pose, las picadas de originalidad, la modestia, la avaricia, la codicia, la frustración y demás entuertos de la mente humana.
Adiós felicidad, adiós contento, como diría Otelo. Los castillos de marfil donde solían refugiarse los creadores, son ahora oficinas de publicidad, los cafetines bohemios donde en interminables horas se batían las metáforas en duelos fantásticos, son, ahora, oficinas del marketing y las ventas. Las ideas tormentosas han devenido en proyectos, para ser realizados en circunstancias de modo, tiempo y lugar, determinados por las metas e indicadores de los sabios de la planeación. Las musas tienen cara andrógina de asesores. El tiempo de la reflexión es hoy por hoy, desperdicio con olor a alcanfor, mientras el gerente con pachulí de moda inquiere el cumplimiento de estrategias y objetivos específicos. Los compromisos sociales son cocteles a rabiar. Lo perenne, periódico de ayer. Y el ansiado espectador, lector, oyente o vidente es simplemente masa.
(Continuará)
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