HUMILLADOS Y OFENDIDOS


En el año de 1861, Fiódor Dostoyevski, el gran escritor ruso y genio de la literatura universal, escribió “Humillados y ofendidos”, su primera novela larga, después del exilio forzado a que fue sometido antes. En ella expone la trágica situación de algunos personajes que han sido vejados a causa de su situación económica o social, quienes sin embargo resisten la hipocresía y la poca humanidad de sus ofensores, siempre sostenidos y aferrados a su genuina bondad.
Esa novela, escrita hace 156 años y su título, son la fiel premonición de dos noticias colombianas que nuevamente nos volvieron a zarandear nuestra alma, a hacernos sufrir otra vez, a recordar esos tiempos aciagos de la violencia anterior de medio siglo, pero esta vez de parte de los “actores” oficiales del fatídico Esmad (cruel paradoja), en contra de los recolectores de la hoja de coca, asesinando a 6 de ellos (q. e. p. d.) e hiriendo a algunos de ellos, el pasado jueves 5 de octubre del presente año, cerca de Tumaco.
La otra noticia que nos impactó demasiado y lo sigue haciendo fue el asesinato de parte del Esmad de la comunera indígena Efigenia Vásquez (q. e. p. d.) de 37 años, madre de dos hijas, integrante del colectivo radial de la emisora Kokonuco Stéreo, 90.7 FM. En el momento de su muerte hacía parte de la “Minga de Liberación de la Madre Tierra”, en el complejo turístico de los termales “Aguas Tibias”, cerca de Coconuco, Cauca.
Nótese que ambas noticias tienen un común denominador: el uso de la tierra, la cual se convirtió en el detonante provocador si así se puede afirmar de la violencia anterior y también del actual problema cocalero que nunca tendrá fin si el Estado no se pone las pilas ayudando de verdad a nuestros campesinos para que opten por los cultivos tradicionales.
En el triste episodio de Tumaco, ante el abandono institucional al no ayudar en forma oportuna a los campesinos para que cambien de cultivos y les ofrezcan los créditos necesarios para poder sobrevivir junto a sus familias, entonces optan por lo más sencillo, seguir cultivando coca, con la presión de las mafias y bandas criminales (y también de Mr. Trump).
En el caso de Coconuco, vale la pena llegar a un acuerdo que posibilite una concesión y una conciliación de parte y parte, tanto de los indígenas como del propietario del complejo turístico, señor Juan Diego Angulo. En ambos casos, el gobierno se ha extralimitado en el uso de la fuerza “bruta” del Esmad, como lo afirma Gustavo Álvarez Gardeazábal.
Hace 525 años, un 12 de octubre de 1492, se produjo el encuentro de dos civilizaciones, la una europea, con carácter avasallador y aniquilador y la otra, autóctona o aborigen, que era más soberana, culta e importante. Los sucesos de Tumaco y del Cauca me hacen recordar ese período triste de ese encuentro, en que nuestros campesinos e indígenas fueron “humillados, ofendidos y asesinados” por el mismo Estado, en manos del fatídico Esmad.



