Hace unos días, el presidente colombiano Juan Manuel Santos había sostenido que el tiempo y la paciencia de los colombianos se estaban agotando en relación con el dilatado proceso de paz que mantiene el gobierno con las FARC. A su vez, el mandatario también pronunció en la 68ª Asamblea General de la ONU un duro discurso contra el grupo guerrillero. En ese sentido, Timoleón Jiménez, jefe de la organización, repudió los términos utilizados por el presidente en las Naciones Unidas y anunció que autorizó a su equipo negociador en La Habana a confeccionar un informe para contar lo que «en verdad» está ocurriendo en las negociaciones.
«Ante tan grande ofensiva discursiva y mediática contra nosotros y lo que sucede en la Mesa, con el exclusivo propósito de que el país y el mundo conozcan en verdad lo que ocurre, he decidido autorizar a nuestros voceros en La Habana la elaboración de un informe al pueblo colombiano», expresó a través de una carta «Timochenko».
Al respecto, respondió Humberto De La Calle Lombana, jefe de la delegación del gobierno en La Habana: “Es curioso que las Farc se quejen de excesos retóricos cuando todos los colombianos son conscientes de que en estas conversaciones la retórica ha corrido exclusivamente por cuenta de las Farc. Precisamente la intervención del señor presidente en Naciones Unidas tenía como propósito ampliar las posibilidades de la búsqueda de la paz en Colombia, en un mensaje muy serio a toda la comunidad internacional.
En ese sentido la reacción de las Farc es francamente incomprensible. Ahora se anuncia un supuesto informe sobre la verdad de las conversaciones en La Habana, informe cuyas características el Gobierno no conoce. Pero la circunstancia de este anuncio permite recordar a los colombianos que la confidencialidad fue pactada por ambas partes, mediante la firma de plenipotenciarios de ambas partes y con el propósito de preservar la conducción del diálogo, de tal manera que para el Gobierno la supuesta revelación de lo ocurrido en La Habana no constituye ni puede constituir ninguna amenaza.
Ni una sola de las intervenciones del Gobierno en La Habana, se ha salido de los más estrictos lineamientos del estado de derecho y de la preservación del sistema democrático. Allí no hay, ni puede haber, ni aceptamos amenazas de ninguna naturaleza. La mejor prueba de esto y el mayor seguro para la ciudadanía, es que cualquier acuerdo a que se llegue tiene que ser votado por todos y cada uno de los colombianos, en la intimidad de su conciencia a través de la aplicación del mecanismo de refrendación que se convenga bilateralmente con las Farc. Esa es la plena prueba de que todo esto será a la luz del día, y realmente son los colombianos los que deciden, más allá del acuerdo que logren las partes.
Lo que realmente molesta a las Farc es que el Gobierno sigue fiel a la agenda de conversaciones y no se desviará en ningún momento de esa agenda. Esa agenda es la clave y la columna vertebral de lo que estamos haciendo en La Habana. El próximo tres de Octubre estaremos en La Habana para continuar las conversaciones, esperamos que en medio de un clima de buena fe, de eficacia, de seriedad, y de celeridad, que es el que esperan todos los colombianos”.