HUIR HACIA ADELANTE


“Por eso, ahora, y para suplir ese vacío, son cada vez más numerosos los grupos de opinión no gubernamentales que proponen, analizan o critican la conducta de los gobiernos…”
En la medida en que organizaciones humanitarias, líderes y dirigentes, miembros de la sociedad civil o expresidentes de Estado de todas las tendencias, se agrupen en aras de la defensa de valores sustanciales que hacen sustentable una comunidad, y en que se vulneran impunemente las más sensibles prerrogativas del ciudadano, en esa misma medida se advierte que los organismos creados con tales fines han perdido su razón de ser, y por lo menos demandan, una reestructuración, que nunca llega.
Es el caso de la OEA, institucionalmente creada para atender las crisis políticas o humanitarias de los países miembros, pero cuya operancia con el paso de los años ha venido debilitándose, hasta convertirse en una simple agencia de burócratas internacionales, muy lejos, por cierto, de sus épocas de resplandor, como cuando era dirigida por ese gran estadista colombiano Alberto Lleras Camargo.
Por eso, ahora, y para suplir ese vacío, son cada vez más numerosos los grupos de opinión no gubernamentales que proponen, analizan, o critican la conducta de los gobiernos, buscando la solidaridad internacional.
La Declaración de 31 ex presidentes de la región, pertenecientes a todos los credos políticos, con el apoyo de los parlamentos de España, Chile y Europeo, en contra de los desmanes del gobierno venezolano, es una muestra fehaciente de ello, pero además revela el grado de preocupación que han alcanzado en el mundo los desmanes perpetrados por el régimen imperante en Venezuela, empeñado en violar los derechos humanos, en sus componentes de libertades públicas y derechos personales, y en atentar contra las prerrogativas individuales, al decir de los tratadistas, aquellas que exigen prestaciones mínimas de bienestar.
En Venezuela existe una eliminación de la división de poderes, de las garantías y derechos, y particularmente de la libertad de pensamiento, opinión y prensa, que ha permitido desde los tiempos de Chávez, que se hayan presentado más de 3200 detenciones por causas políticas, es decir, por oponerse al régimen, particularmente en los sectores estudiantiles y universitarios.
Lo de Leopoldo López, condenado a varios años de prisión, sin ninguna evidencia que acredite ningún accionar delictivo, salvo la de denunciar los atropellos contra la democracia, es apenas el ejemplo emblemático de la escalada represiva del sistema.
La reciente expulsión “masiva e indiscriminada” de un número mayor a 1600 colombianos, sometidos a crueles atropellos y vejámenes, propios de los tiempos del genocidio nazi, pareció que era el punto más alto de la crisis, que, se pensó, equivocadamente, iba a merecer una explicación, reparación y garantía de no repetición por parte del gobierno bolivariano, sin que ello se produjera.
Todas estas circunstancias obligaron al pronunciamiento de los exmandatarios, que exigieron el retorno del gobierno de Maduro a las fuentes de la Carta Democrática Interamericana, y a los mismos postulados del Protocolo de Ushuaia (Argentina), de Mercosur, de su propia inspiración, desconocidos hasta el momento.
Maduro, simplemente imposibilitado para retroceder en sus enormes e incalificables errores, decidió emprender la fuga hacia adelante, en una estampida veloz que lo salve de morir, debe pensar, atropellado por sus felonías.



