HORA DE LA VERDAD DE LA MUJER Y DE LA IZQUIERDA



Después de lo visto en Brasil y Argentina y del cambio en el gabinete Santos de algunos ministros, la presencia de Clara López Obregón en un ministerio, es piedra de toque para medir la potencia de su mano con los trabajadores en Colombia. No solo de los del sector privado sino del público. Porque en cuestión de salarios hay un abismo con los que se pagan en muchos cargos de Ministerios, Agencias, Procuraduría, etc., etc., Congreso y Tribunales y Juzgados.
Hemos visto cómo le fue a Clarita, la firme y bien hablada mujer en la Alcaldía de Bogotá. Administró con acierto en su medio cuarto de hora. Para ser ministra se necesita más temple e independencia, aunque se sabe que es subalterna del Jefe del Estado. Sin embargo, como lo apreciamos en el asuntico de Caño Cristales, pareciera que no es así. Pero ella sabe en qué leonera se metió.
Tendrá que medir el aceite al carro de las tercerías. Fue un torniquete o palo que se metió entre las ruedas de la vida de los trabajadores. Ya no dependen de los dueños de la empresa. Ellos se lavan diariamente las manos sin que ellos se den cuenta de su chequera. Porque son los administradores y dueños de una trampas llamadas eufemísticamente «cooperativas» o bolsas de trabajo. Bolsas como en el sube o baja del dólar, al garete o voluntad de único patrón.
Nos sorprendió que en el acuerdo con las Farc apareció, por fin, otro parámetro para calcular el salario mínimo. Con representantes del gobierno y sin sindicatos: fue de un millón ochocientos mil pesos $1.800.000.oo. Y nadie chistó de los empresarios. Un desocupado sin experiencia ni paso por la universidad va a ganar lo que le sirve con decencia para su sostenimiento. Así, sin más trasnochos ni concesiones a palos. Se llegó a ese acuerdo porque es lo justo y de ahí para abajo es un robo al bolsillo del trabajador. Así estaba pronosticado en El Capital.
Lástima que el escándalo de los Papeles de Panamá no acaba de revelarse. Porque no se sabe en dónde está el dinero que los industriales tienen guardado de las empresas que han desaparecido en Colombia. La Industria se reduce a la minería y la explotación de hidrocarburos y carbón por consorcios extranjeros. No hay capital para abrir empresas para producción de tecnología de punta. Nos quedamos con panaderías, carpetas, cinturones y artesanías. No hay fuentes de trabajo. Colombia se ha convertido con los TLCs en una gran carpa de gitanos que venden en calles y bazares. Es la gran plaza de mercadería de Corea, Taiwán, Bangladesh, Singapur y otras regiones africanas y asiáticas que les dan ejemplo a nuestros criollos.
A la entrante Ministra, sobrina de López, deberá tocar a la puerta de los capitalistas para que suelten la plata que tienen amarrada y abran de nuevo industrias para dar trabajo a tantos jóvenes, ávidos por demostrar sus habilidades e ingenio. Buen punto de reflexión para este día del Trabajo.



