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Sábado, 3 de octubre de 2026

HOLA, GANÓ EL TIGRE, ¿NOS DEVOLVEMOS?

JUAN-CARLOS-LÓPEZ

Juan Carlos López Castrillón.

Con el triunfo de Abelardo De la Espriella el país entra en una nueva etapa política y, como ocurre con cada cambio de gobierno, también se generan incertidumbres y oportunidades para corregir lo que se deba corregir y para construir sobre los logros positivos del mandato Petro.

Más allá de las pasiones propias de una campaña, vale la pena conceder a todo el que empieza el beneficio de la duda. Al fin y al cabo, uno de los cuatro acuerdos tototecas nos invita a no hacer suposiciones.

En ese sentido, les quiero hablar de unas cifras que acaba de dar el Gobierno. Hasta diciembre de 2024, cerca de 1.000 colombianos al día abandonaban el país con la intención de no regresar: 361.073 personas en ese año. Es como si Popayán entera se hubiera vaciado en apenas doce meses.

Pero ahora la situación se agravó. Con corte a diciembre de 2025, la Aerocivil reportó que 1.201.355 colombianos salieron del país por vía aérea y no regresaron. Eso equivale a que Cartagena entera hubiera hecho las maletas para no volver.

Lo más preocupante es que la mayoría de quienes se van tiene menos de 40 años. Esto golpea directamente la sostenibilidad de la pirámide pensional: cada vez habrá más adultos mayores recibiendo subsidio y alguna pensión, pero habrá menos jóvenes aportando al sistema.

La diáspora colombiana continúa creciendo. Ya supera los cinco millones de compatriotas en el exterior.

Sus remesas representan hoy el tercer ingreso de divisas del país: más de 12.000 millones de dólares al año, solo por debajo de la economía de la coca con 16.000 millones y del petróleo con 15.000. Así lo evidencia un estudio reciente de Eafit, la Universidad de los Andes y Valor Público.

¿Por qué se van? Algunos huyen de la violencia, la inseguridad y la extorsión.

Otros buscan oportunidades de estudio, mejores empleos o simplemente persiguen el llamado sueño americano o, más recientemente, el sueño español.

Este éxodo no es un fenómeno nuevo. Incluso se refleja en el Mundial de fútbol. Julián Quiñónez, goleador de México, nació en Nariño y emigró hace 19 años a tierras mexicanas. Jonathan Osorio, volante de Canadá, es hijo de colombianos que dejaron el país en la década de los noventa.

Por eso, la pregunta que da título a esta columna cobra hoy un doble sentido:

  1. ¿Logrará el gobierno que se posesiona el próximo 7 de agosto, y que promete “pacificar” el país, reducir la salida de colombianos al exterior?
  2. ¿Tras el triunfo de Abelardo De La Espriella, muchos de los colombianos que viven fuera comenzarán a preguntarse: “Ganó el Tigre, ¿nos devolvemos?”?

Probablemente, como muchos de nosotros, esperarán un tiempo para ver si las promesas se traducen en resultados. Porque el verdadero éxito de cualquier gobierno no será solo convencer a quienes se quedaron, sino lograr que quienes se fueron vuelvan a creer que Colombia puede ser, un país para construir un futuro.

POSDATA LOCAL

Celebro que el periodista Armando Meléndez, “El Matador”, haya rectificado, mediante conciliación ante la Fiscalía, un escrito ofensivo publicado hace siete años. Además, me ofreció excusas públicas. Con ello quedan restablecidos en este caso, mi derecho al buen nombre, la dignidad y la honra.

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