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Jueves, 1 de octubre de 2026
martes 25 agosto, 2015 a las 7:55 am

Histrionismo e ignorancia

Maduro-pajarito
Gloria Cepeda Vargas
Gloria Cepeda Vargas

El teatro está lleno. El respetable público experimenta ese cosquilleo que producen las ambivalencias vestidas a la última moda. Se representa por enésima vez el sainete donde un jefe de Estado, escaso de neuronas y opulento de carnes bien surtidas, baila el joropo en una cuerda en vilo. Nicolás Maduro Moros, ungido por el comandante eterno con autocráticas –digo democráticas- licencias en la Venezuela “del Arauca vibrador”, se balancea peligrosamente sobre un piso lleno de botellas despicadas. ¿Qué hago, comandante de mis entretelas, hoy convertido en paraulata o tucusito de monte? pregunta Nico y entonces el comandante se cuela en el pico del pajarito y gorjea: Chico, no te queda más remedio que recoger toda la inmundicia que en horas de jaleo revolucionario sembramos tú y yo y echársela en el coco a esa cuerda de colombianos que nos disputan hasta la luz del sol. ¡Duro con ellos, mi llave que la ocasión la pintan calva! ¡Que vuelvan caras, como dijo Páez en las Queseras del Medio! ¡En esas larvas cachacas o corronchas, late tu salvación!, mientras tanto, la brisa, entre un coro seráfico, refresca con unción sus edificantes admoniciones: ¡Patria, socialismo o… muerte!

La frontera colombo venezolana, una de las más extensas y la más poblada del continente, es otra historia. Ahí desaparecen los conceptos de nacionalidad excluyente. La economía fronteriza se retroalimenta con la habilidad que da la necesidad de sobrevivir en un territorio de dos caras. Una gigantesca línea de 2.300 kilómetros de extensión donde se casan, negocian, se emborrachan, se enamoran, se esquilman y se recuerdan sin preguntar en qué orilla nacieron, dueña de una geografía particular. Al cerrar este canal de comunicación no solo se cierra la frontera geográfica, administrativa o política en los dos países. Se clausura ante todo, la ventana de entrada y salida del aire que les permite respirar.

Maduro-pajarito

Entonces: ¿Qué te pasa Nicolás Maduro? ¿Cómo es posible que tus extensos recorridos por las calles y caminos del país al timón de un autobús no te sirvan sino para chocar insistentemente ese vehículo crujiente y destartalado en que tú y tu antecesor convirtieron a Venezuela? ¿Es tan obnubilante tu mezcla de estupefacción y agallas que no captas la magnitud del arenal movedizo en que cada día te hundes llevándote de paso lo que te rodea? ¿No sabes que la ideología partidista que dices profesar, es una calle sin salida?

Definitivamente, el fanatismo, sea cual fuere su objetivo, es una de las más eficientes maneras de arrear la manada humana en nombre de teje manejes políticos y solidaridades humanitarias.

Tu Venezuela (aunque dicen por ahí que eres colombiano y solo eso nos faltaría), agoniza. Ahí no hay más que un bla bla inconexo directamente proporcional a su depredación física y moral.

Maduro-chofer

¿Qué queda ahora, contigo tan histriónico y obtuso, con Diosdado tan amoral y cerrero, con tu primera combatiente tan sibilina y tus decisiones tan desconcertantes? Solo un presente viscoso y un futuro apenas vislumbrado entre trapos sucios y zapatos rotos. Pregúntale a tu comandante, ahora convertido en alado mensajero, si existe una manera de recoger el agua derramada. De responder dónde aprendieron a depredar de manera tan eficaz y a convertirse en los más aventajados alumnos del histrionismo, la perversidad y la ambivalencia universal.