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lunes 16 noviembre, 2015 a las 9:28 pm

HAY QUE SALIR ADELANTE, DICE EL CURITA

Marco Antonio Valencia Calle
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MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE

Tenemos un compromiso con nosotros mismos: educarnos y “salir adelante”. ¿Pero qué es eso de “salir adelante”? Sencillo: no morirnos de hambre y conseguir calidad de vida. Mejor dicho: tener buen dinero para comprar los que nos dé la gana y resolver nuestras necesidades. Sí, porque la plata es necesaria “para salir adelante”.

Hay gente que quiere salir adelante a lo fácil, si pagar el precio. Se olvidan o desconocen que justo para evitar eso, los seres humanos estamos organizados en sociedades donde vamos inventando reglas y leyes para convivir sin robarnos ni matarnos los unos a los otros. Incluso, inventamos palabras claves para sobrevivir bien socialmente como ética, moral, y alrededor de ellas creamos toda una suerte de teorías para educarnos en esos principios y valores de convivencia.

Pero seamos sinceros, con teorías, con moral o sin ella, nada es fácil. El mundo –para mucha gente- cada día es más cruel, más difícil, más complejo y brinda menos oportunidades “para salir adelante”; pero como sea, hay que ponerle coraje a eso de salir adelante sin dañar a otros. Y si otros pueden salir adelante, seguro todos podemos hacerlo. Vivir implica transitar un camino roñoso donde hay unos días brillantes y felices, y otros días apestosos y dolorosos, pero hay “que salir adelante” a pesar de ello, sin rencor, aceptando las cosas como son.

Hay quienes viven a la brava. Gentecita que quiere comer bien y darse lujos sin pagar el precio que cada cosa tiene. Gentecita que está a dispuesta a robar y matar por conseguir cosas y dinero, pero no está dispuesta a trabajar para conseguir nada: ni siquiera la caridad o el perdón de Dios. Gentecita que quiere vivir sin esfuerzo propio y en su modo de pensar son capaces de cometer cualquier ilícito, vulgaridad o ilegalidad con tal de no tener que trabajar para vivir “y salir adelante”. Sí, hay gente así. Y lo peor, es que se lo enseñan a sus hijos y andan divulgando esa filosofía. Si la vida fuera así, como ellos creen y piensan, todo sería casos, todos seriamos delincuentes y viviríamos en la barbarie, y no habría sociedad, ni civilización, ni progreso, ni oportunidades.

Hay otra gentecita pusilánime que quiere que Dios les de comer de gratis, o que los otros seres humanos lo mantengan del cordón de la mendicidad, o que el gobierno les de su ración de limosna diaria para alimentar su pereza. Y hacen lo que sea por no hacer un esfuerzo que implique un compromiso, como lo tiene la mayoría, como debería ser en un mundo ordenado, civilizado.

Nosotros, los seres humanos somos lo que hacemos de nosotros mismos, dice el curita en misa. Y eso es lo que se enseña en la escuela en las sociedades civilizadas “para salir adelante”. El destino lo forjamos día a día con nuestras relaciones sociales, con nuestro trabajo, con lo que aprendemos. El hombre es lo que hace de su vida. Las personas valen por lo que son y han sido. Somos una suma de empresas y conocimientos. No hay más universo que el universo humano: es decir, no hay cielo ni infierno, solo la tierra donde vivimos y la vida que vivimos, y por eso tenemos que cuidar la vida como lo más preciado del universo, como lo más parecido al cielo. Si no hacemos nada con la vida, si no hacemos nada en esta vida por nosotros mismos, pues seguro vamos a vivir un infierno en vida.

Muchos “para salir adelante” se encomiendan a Dios. Pero Dios no nos salva como quisiéramos que nos salvara. Nos salvamos nosotros mismos si creemos en Dios. Creemos en Dios porque nos da miedo la soledad, nos da miedo tirarnos al agua de la vida sin salvavidas, nos da miedo caminar solos por caminos de herradura con tanta gente mala y armada sin Dios ni Ley, que se dedican a hacerle mal al otro para salir adelante.

Creer en Dios nos pone códigos de comportamiento civilizados para la convivencia, que básicamente se refieren al respeto del otro, del vecino. Creemos en Dios porque necesitamos conversar con alguien, llorarle a alguien, mendigarle a alguien, echarle la culpa de nuestros errores y enfermedades a alguien. Creer en Dios nos impulsa a trabajar pensando que alguien nos respalda en secreto, que alguien nos financia o que tenemos el secreto de la buena suerte. Creemos en Dios porque le tenemos miedo a la muerte, como si Dios espantara la muerte, o fuera un escudo contra ella.

-Y si “para salir adelante” hay creer en Dios e inspirarse con él, pues vamos a creer en él- dice el curita de mi parroquia-, es mucho mejor que ir por ahí robando y matando, con resentimientos y odios porque no tenemos el dinero que creemos merecer “para salir adelante”.

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