HASTA MIEDO ME DA

Colombia es un país ofrecido al sagrado corazón de Jesús desde hace mucho tiempo, presumimos de cristianos, pero no practicamos el cristianismo, al contrario, nuestra profecía es la de la guerra, al menos esa es la lectura que nos dejan los comicios electorales pasados, donde punteó en las elecciones un candidato que ofrece congelar, para acabar, los acuerdos a que se ha llegado en los diálogos de paz del gobierno y la guerrilla.
Puede ser que la mayor parte de la formación social colombiana no diferencie entre la guerra y la paz, total la mayor parte de nuestros connacionales han nacido y vivido en la guerra; pero ésta, la guerra, tiene escalas siendo por tanto susceptibles de empeorar o mermar la barbarie, que conlleva toda guerra, si no se termina o por lo menos se palea la misma.
Uribe, encarna la teoría de los que piensan que solo se negocia con el enemigo muerto, o que no esté en capacidad de hacer daño, es decir que la única posibilidad que le queda es la rendición; mientras que Santos cree que al enemigo hay que disminuirlo para obligarlo a negociar, esto es haciéndole concesiones para que se reintegre a la vida civil.
Al parecer Colombia votó por la tesis uribista de la tierra arrasada, es decir aniquilar a las guerrillas y construir el progreso de Colombia sobre sus cenizas. Aquí es donde nos da miedo, pues para hacerlo necesariamente tiene que acrecentar el acorralamiento, con las contingencias terroristas que cualquier acorralamiento conlleva, hasta ahora hemos tenido un conflicto armado, pero rural y pretender acorralar a los insurgentes so pretexto de una victoria militar total, puede eventualmente hacer crecer el conflicto hasta en las ciudades, desde luego, con otras modalidades terroristas, pero absolutamente peligrosas.
En Colombia no hay persona más capacitada en la guerra, que el actual presidente Juan Manuel Santos y su experiencia le ha indicado cuándo debe ofrecer la paz, sin pretender tierra arrasada, o temerarios acorralamientos; de ahí el éxito que ha tenido los diálogos de paz, hasta ahora, acordando tres de cinco puntos propuestos, al día de hoy; pero como la tesis guerrerista que se vislumbra pueda triunfar, sería como echar al caño de aguas sucias todo el trabajo que sobre la paz se ha acordado entre el gobierno y los insurgentes.
No pretendo ser agorero, pero somos una formación social que lleva 150 años de guerra, nos encanta la violencia, o si no, de dónde tantos votos por Zuluaga, en gracia de discusión démosle la gracia de la duda porque no lo conocemos, pero sí a su mentor, quien en los ocho años que regentó el poder: descalificó a la Corte Suprema de Justicia; ahora pretende hacer lo mismo con la Fiscalía; politizó para delitos comunes el derecho al asilo, prohijó conductas inhumanas de los militares que terminaron siendo falsos positivos, ofreció durante ocho año un discurso virulento y mordaz, y lo más grave, polarizó el país, pues nunca se ha ofrecido como bombero, sino como un pirómano desaforado que no solo quiere cobrar venganza, haciendo de Colombia un ‘paisillo’ que le quepa en el bolsillo.
Voy a votar con Santos en esta segunda vuelta, no porque esté enamorado de sus tesis, salvo la de la paz, sino para evitar irresponsabilidades guerreristas que sabemos dónde comienzan pero no dónde terminan.




