Hacia un nuevo país


Cada vez se hace más necesario reconstruir el país en donde se den los cimientos de una sociedad incluyente y democrática, es decir en donde todos quepamos. Un país democrático, sustentado en el derecho a la igualdad, donde no tengan cabida los privilegios y en el que impere la ley y el orden. Ley que acoja los intereses colectivos y orden que implique la convivencia civilizada. Donde podamos vivir tranquilos con la posibilidad de que cada quien realice su proyecto de vida en un ambiente de certidumbre.
Un país cohesionado por valores tales como la solidaridad, la justicia y la libertad. Donde exista tolerancia y respeto por las diferencias; en donde no prime la desconfianza mutua y en el que se garantice a todos el derecho a respirar en condiciones de dignidad.
Un país donde se exprese la materialización de un Estado Social de Derecho que sea garante del imperio de la ley y que erradique las condiciones de miseria. Caracterizado por una justicia pronta, eficiente y eficaz. Fundamentado en el trabajo que posibilite a la gente atender las necesidades cotidianas y responder a las vicisitudes de la vida. Bien afirma Montesquieu que “un hombre no es pobre porque no posea nada, sino por estar sin trabajo”. Y razón también tiene Marx cuando considera el trabajo como la esencia humana. Desafortunadamente la explotación y las profundas desigualdades socioeconómicas niegan la esencia y la existencia.
Un país donde todos convivamos como buenos vecinos y no siga sucediendo lo que sucede, que “en cada colombiano encontramos un país enemigo”, lo que mucho le preocupó a El Libertador, Bolívar.
Necesitamos que en las calles no haya más miserables en espera de la caridad de la gente ante un Estado indiferente. No más desplazados por la pobreza y por la violencia. Que las personas podamos transitar las calles sin temor a sufrir asaltos o atracos. Necesitamos ciudades emprendedoras, estudiosas, que sus habitantes tengan oportunidades laborales, sitios de recreación sana para atender el ocio los días festivos; urbes ordenadas y no caóticas, no más ciudades al garete donde las autoridades se sienten muy poco.
Necesitamos una clase política descontaminada de patologías como la corrupción, la politiquería, el clientelismo y el populismo. Ansiamos una nueva política encaminada en la defensa de lo público, en la resolución pacífica de los conflictos y muchas respuestas concretas a las múltiples necesidades de la población. El poder utilizado en responder las demandas sociales mediante políticas públicas.
Un país que no se siga desencantando al ver liquidar puestos de trabajo, mientras los mismos de siempre, gracias a los mismos de siempre, transitan de una dependencia a otra y nunca se quedan sin puestos.
Necesitamos un Congreso depurado, que le caracterice leyes útiles a la sociedad y no legislar en detrimento de las comunidades que dice representar.
Necesitamos gobernadores y alcaldes con verdaderos proyectos der región y de ciudad, con liderazgo para saber enfrentar y resolver las difíciles problemáticas que siempre les atañe.
Necesitamos de unos concejos municipales que se dediquen a hacer control político y a velar por los intereses de la ciudadanía.
Un país donde el Estado sea verdadero garante de los derechos humanos para que estos bienes primarios consoliden la democracia y la paz. Un Estado fuerte en inversión social, basado en el pluralismo y en el espíritu participativo acorde a la dignidad humana.
Necesitamos unos partidos políticos maduros y estructurados, capaces de ser los verdaderos intermediarios entre la sociedad civil y el Estado. No necesitamos partidos desprogramados, sin fundamentación filosófica, incoherentes y mucho menos como simples maquinarias electoreras.
Un país con unos gremios de la producción desprovistos de avaricia, con sentido social, preocupados por contribuir en mejorar las condiciones de vida de los colombianos.
Necesitamos buenos ciudadanos que puedan constituir un pueblo fuerte y organizado, capaz de reivindicar en términos pacíficos sus derechos. Con una cultura ciudadana de verdadero compromiso y amor por las ciudades. Ciudades con énfasis en cultura ciudadana, sin la cual es imposible superar el caos y descontrol social imperante.
Necesitamos que todos los violentos transiten el camino de la paz. La paz como derecho y como deber, propia de las sociedades civilizadas.
Un país en donde se exprese una verdadera unidad nacional que permita la cohesión y el desarrollo conjunto de la sociedad. Que en muchas localidades se vea menos política y más administración.
Necesitamos que en el actual proceso electoral se dé posibilidad a la creación y participación de nuevos liderazgos, a personas estudiosas, serias y competentes, comprometidas socialmente con las regiones y localidades, que les caracterice el espíritu cívico, los valores comunitarios y la sensibilidad social. Programas serios, coherentes y realizables en manos de personas idóneas podrían despertar interés en muchas personas que se encuentran desencantadas de sus gobernantes y de la política.




