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sábado 25 agosto, 2018 a las 9:11 am

HABÍA UNA VEZ UN RÍO…

No seas basura con el río Quilichao7

HABÍA UNA VEZ UN RÍO…

TODOS CONTRA EL MONSTRUO
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HABÍA UNA VEZ UN RÍO AL QUE LLAMABAN QUILICHAO, que por esos azares naturales del destino decidió un día cualquiera desprenderse a su modo desde la Cordillera Central e iniciar su tranquilo recorrido en medio de una naturaleza exuberante y plena de vida, algo parecido al mismo Jardín del Edén, en común acuerdo de una flora y fauna, exultantes y pletóricas.

EN AQUELLOS LEJANOS Y FELICES DÍAS EL RÍO QUILICHAO SE SENTÍA EL MÁS HALAGADO DEL MUNDO y no le faltaba razón pues sus aguas cristalinas y mansas eran únicas en el mundo, observándose a simple vista el ágil desplazamiento de cantidad de peces exóticos que lo convirtieron muy pronto en punto de mira tanto de avezados especialistas en la materia, como de simples turistas gringos, quienes hicieron el milagro de llenar de la noche a la mañana las maltrechas arcas municipales, haciendo posible que por primera vez las sucesivas administraciones locales se preocuparan para que ni la más mínima basura cayera en su cauce, manteniendo estrecha vigilancia día y noche, porque comprendían que su cuidado era imprescindible, teniendo en cuenta que el río les suministraba también el necesario líquido vital para sobrevivir, con un grado tal de pureza que no salían de su asombro por tan preciado regalo

Por tal motivo, se implantó la orden de sembrar toda clase de árboles a lo largo de su orilla derecha, dejando la izquierda para convertirla en un llamativo jardín con toda clase de flores conocidas y desconocidas. Todos los ciudadanos quilichagueños de entonces se convirtieron en implacables defensores de un río que consideraban el más importante tesoro que hubiesen podido encontrar.

CON EL FIN DE PROTEGERLO AÚN MÁS SE DICTARON OTRAS MEDIDAS PREVENTIVAS, como la tácita prohibición de no quitar ninguna piedra del río, pues su cauce había que protegerlo a toda costa. Así mismo se prohibió que cualquier vehículo fuese lavado en sus cristalinas aguas, colocándose de inmediato muchos avisos con caracteres góticos en sitios estratégicos.

En fin, no se escatimaron medidas preventivas con el fin de QUERER A UN RÍO QUE DE LA NOCHE A LA MAÑANA ERA EL CONSENTIDO Y MIMADO TANTO DE LAS AUTORIDADES MUNICIPALES COMO DE LOS CIUDADANOS CONSCIENTES, QUIENES LO QUERÍAN TANTO QUE SÓLO PENSABAN EN ÉL Y NADA MÁS.

COLOFÓN: el final de esta soñada utopía no puede ser más triste, pues esta clase de río idealizado sólo existe en la imaginación de este columnista soñador, a la hora de cerrar los ojos y de los quilichagueños buenos que aman a su río tutelar. Cuando los abrimos, observamos asustados el ESTADO LAMENTABLE EN QUE HOY SE ENCUENTRA, CUANDO AGONIZA ANTE LOS OJOS DE TODOS, SIN QUERER HACER NADA, PERMITIENDO QUE ALGUNOS INCONSCIENTES ABUSEN A SU AMAÑO DEL RÍO, ECHANDO “COCHINADAS” DE TODA CLASE, como sucedió hace unos días, cuando fue contaminado por ellas y todos estuvimos en peligro inminente. Si continuamos así, tristemente podemos decirles a nuestros nietos y bisnietos: “HABÍA UNA VEZ UN RÍO…”

NOTA: Esta columna la escribí en 1984, hace ya 34 años y quise rescatarla y compartirla con mis amables lectores, habida cuenta que estamos descuidando otra vez el río Quilichao, el río de nuestras entrañas, quien nos da la vida y sin el cual no podemos existir y debemos defenderlo siempre, pues tiene sus derechos propios.

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