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Lunes, 12 de octubre de 2026

GUERRA Y DEPORTE: FESTEJOS DE LA SOCIEDAD

Guerra y deporte
Guerra y deporte - Festejos de la sociedad
Por: Omar Orlando Tovar Troches –[email protected]

Mediando los años ochenta del siglo pasado; cuando quienes hoy estamos ingresando a la tribu urbana del Combo del Ayer, éramos bombardeados por la onda fluorescente de los yuppies, Don Chinche, el copete Alf, el corte zeta y otras delicias de la reinante moda pop; un señor de nombre Estanislao Zuleta, letradísimo en muchas disciplinas del saber y relegado a un muy bajo perfil por parte de los otros doctores, publicaba un provocador artículo titulado: “La Guerra es una Fiesta”, (nótese el poco disimulado plagio del título de éstas notas) en el que palabras más o menos; el maestro Zuleta planteaba la forma en que los gobiernos apelan a principios nobles como la unidad, la solidaridad, la “matria” y el honor para incitar a sus paisanos a la camorra con los vecinos de allende la frontera, con el también noble pretexto de la defensa del buen nombre, del país, la democracia y cosas como esas, para procurar bajarle al volumen a sus desaciertos, sus ineficiencias, los intereses particulares propios o de sus amiguitos y demás corruptelas.

Pericles se inventó la fórmula ganadora en política de Estado, desarrollada y aplicada a plenitud por los romanos: PAN Y CIRCO. Me dije a mi mismo: – “Mi mismo, el maestro Zuleta tiene la razón”-, y como no, él sí aprendió a leer. ¡Claro la guerra es un circo! Todos los gobernantes independientemente de su color, sabor u olor han acogido gustosos la fórmula, aunque no en su estricto orden. Como casi siempre; no hay pan para tanta gente; ellos apelan al circo en todas sus modalidades, desde los circos de Bebé, Tuerquita, La Chilindrina, Los Hermanos Gasca, del Sol, apelando incluso, a otros espectáculos nacionales que aunque formalmente no se llaman circo, también tienen animales y payasos (la politiquería).

El deporte, no obstante sus loables fines formativos y socializadores, no se escapa de la manipulación de los poderosos, éstos últimos acuden a la actividad física competitiva como elemento distractor de la sociedad, para crear al igual que con la guerra esas sensaciones de unidad, solidaridad, de competitividad, rivalidad, honor y gloria. ¿A quién no se le ha erizado la piel cada que hay noticias de un muchacho o muchacha nuestros, que ni sabíamos que competía en el extranjero; cuando llegan de primero, saltan más alto, hacen un gol o llegan más lejos?, -“A mi denme un aguardiente, un aguardiente de caña… Ay que orgulloso me siento de ser un buen colombiano”-. Mariana Pajón es la Nación en los Olímpicos, Javier Duque es el Pueblo en los clavados orbitales, el Tigrillo Yacamán es la Patria (matria) en los circuitos del planeta, el Deportivo Cali es Colombia en la Libertadores, Juan Manuel es Colombia en las vitrinas mundiales. Ellos, los poderosos, utilizando todos los artificios habidos y por haber; nos vuelven “barras bravas”, eso funciona, recuerde: Pan y Circo.

Pero como en toda fiesta, no faltan los borrachitos cansones, los desadaptados, los que tienen sus aflicciones (tristezas y rabias) internas, que aprovechan cualquier festejo, bien sea; deportivo, cívico o social, para  dar rienda suelta al desafuero, al exceso, a la irresponsabilidad y a la camorra, ya no como en antes, contra  esos pueblos y gobernantes bárbaros que amenazan nuestra soberanía nacional, sino en contra de nuestros mismos conciudadanos, aupados a su vez por los señores y las señoras intensas, quienes embriagados por su viudez de poder; aprovechan cada oportunidad para meterle más fuego a esas ya bicentenarias pasiones, que sus predecesores se encargaron de encender y que ahora sus herederos no están interesados en apagar.

Como resultado de todo este tragicómico coctel, al pueblo colombiano; cada vez le es más difícil, auto controlarse en sus celebraciones, cada vez, le es tremendamente dificultoso ponerle límites a sus expresiones de alegría, y por lo tanto, cada que hay un partido de fútbol; somos testigos de la tristeza y el desazón que producen estas manifestaciones que empezaron como celebraciones. Por esta vía, será muy trabajoso hablar de reconciliación, y será casi imposible visualizarnos en la reconciliación de un ojalá no muy lejano; post-conflicto.

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