Gloria Cepeda Vargas: La Colombia que yo quiero


Escritora y periodista colombiana (Cali). Ha vivido en Popayán, por lo que se le reconoce como una autora caucana. Residió en Caracas (Venezuela) durante muchos años. Ha publicado los poemarios Bajo la estrella (1954), Poemas de los hijos (1960), Cantos de agua y viento (1996, ganador del Premio de Poesía Jorge Isaacs 1995, otorgado por la Gobernación del Valle del Cauca), Carta a Manuel (1996), Poemas del exilio (1999) y En Colombia y ahora (2003). «De la vida y el sueño» (Popayán, 2009); «Canta la noche» (Neiva, 2010). Primer Premio y Medalla de Oro, Concurso Internacional de Poesía, Bruselas (Bélgica) 1993; Segundo Premio Concurso Internacional de Poesía «Carlos Sabat Ercasty», Montevideo, Uruguay, 1994; Premio de Poesía «Jorge Isaacs», Cali, Colombia, 1995; Premio a Vida y Obra, Gran Fraternidad Universal, Marruecos, África (1997); Mención Casa de las Américas, La Habana, Cuba (2000). Declarada personaje cultural en Popayán en el 2006. Miembro honorario de la Fundación de Poetas Vallecaucanos, miembro de la junta directiva del Centro de Estudios Vallejianos, capítulo de Venezuela con sede en Trujillo, Perú, Miembro de la Casa del Escritor y del Círculo de Escritores de Venezuela. La Cámara de Comercio de Popayán le concedió en 2006 el título de Personaje Cultural del Año. Columnista de Proclama del Cauca.
La Colombia que yo quiero
La Colombia que yo quiero
de la cabeza al talón
la que me quita el sombrero
y me abrocha el cinturón
no es esta niña vestida
de terciopelo y olán
ni esta dama desteñida
ni este torcido galán.
La patria que me desvela
lejos vuela.
Me duelen los moretones
rojos de fin de semana
el hambre de los rincones
la desnudez de la cama.
Me abre huecos en el cielo
la mujer en entredicho
la que es flor de desconsuelo
la que es pasto de capricho.
La mujer sin esperanza
que no avanza.
Patria rica para el rico
serena para el sereno
patria con alas y pico
según el tiempo del trueno.
Colombia de mis dolores
de mi ceniza y mi fuego
de mi abrazo y mis sudores
de mi adiós y mi hasta luego.
De responsos y guitarras
sin amarras.
Adiós negrita desnuda
boga de la Magdalena
adiós chachajo de ruda
y ensortijada melena
adiós, adiós. El retrato
de marimba y alabaos
de cununo y vallenato
de iglesias y de mercados
se va borrando en la sombra
carnicera que te apaña
en el eco que te nombra
en la niebla que te engaña.
Como a mi madre, te siento
como a mi almohada, te abrazo
duerme mi primer momento
en la nuez de tu regazo.
Colombiecita trizada
Colombieja, Colombina,
viajera desorbitada
en el envés de mi espina.
En la caja de mi mente
zumba
como un eco recurrente
tumba
como un amor insurgente
zumba
tumba.
De cara al cielo
¡Ay mi madre! y el soldado
se quedó de cara al cielo
el labio desencajado
bruma, hielo.
El río de los lamentos
arde.
Es el rojo pavimento
en el muro de la tarde
con el último alarido
del caído.
¡Ay mi madre! ¡Ay mi bandera!
¡Ay el pobre uniformado
la anónima lanzadera
el patio crucificado
llenando con su delirio
esta historia mal escrita
esta guerra de martirio,
esta hinchazón infinita!
que solo cierra el camino
campesino.
Veredas abandonadas
senderos sin gentilicio
Colombias irrespetadas
desconocido suplicio
coja va la muchedumbre
cojo el perro, cojo el día
se está volviendo costumbre
la constelación vacía
el despojo
el cielo rojo
el grito, la podredumbre.
Como una canción ya oída
o una cara conocida
se van volviendo costumbre.
El secuestrado
enjaulado
es una fiera demente
o una perdida contienda
lentamente
lentamente
se está volviendo leyenda.
Guerra que solo levanta
el pobre y el olvidado
es una gota que canta
sin cesar en el tejado
o una llave
llena de canas y herrumbre
¿Qué hacer con la pesadumbre?
Nada
se volvió
costumbre.
¡Ay Colombia!
¡Ay Colombia! Si pudieras
ser tú
abierta como una rosa
ser tú
sólida como un diamante
dura como ese cristal
que te colma por delante
y al costado
con la munición del mar.
Si te dejaran hervir
ser tú
si te dejaran creer
ser tú
si te dejaran crecer
si te dejaran
Ser
tú.
¿De dónde?
¿De dónde viene
el agua?
de tus lágrimas-peces.
Se agrietan
las manos
de los Andes
los árboles de vidrio
los cordones metálicos
del sur.
Se van volviendo letras ilegibles
las nubes
las cuevas submarinas
los árboles de arroz.
Soy yo bajo tu estruendo
entre tus desmesuras minerales
una delgada vena que revienta
a tu paso
de dragón asustado.
Así
Como no te he leído
toda.
Como solo un poquito
de tu azúcar
endulzó mi café
un solo poro de tu piel salada
solo una oscuridad
de las muchas que enredan
tu hojarasca
fue en mí
he de cantarte apenas con memorias
aprendidas en sueños
he de escucharte
como en un cuento oído
en alguna
de mis infancias
borradas por la lluvia.
La cometa
Allá va mi cometa
estoy
colgada de su viento
voy
asida a su costado
prendida en su cabeza
bamboleante
a su junco cuadrado
a su esplendor.
Brilla
la tarde sobre el mundo de Colombia
rueda el día
me enredo
en las columnas llenas
de pájaros azules
me quemo entre las manos
de la tarde
soy de viento
de sol
de fuego nuevo
lejos
de tanta desnudez
precipitada
vuelo en el aire lleno de cometas
de mariposas como las cometas
de azul.
Busco
Busco
tu corazón de ardilla
tus corales
tu cabellera en flor.
Escarbo la ceniza
revuelvo los papeles
adelgazo el oído
en las corrientes
de tus noviembres fríos
de tus mayos floridos
de tus días
olvidados debajo de los árboles
en el barro mojado del invierno
husmeo tus olores vegetales
tus resinas
tu savia que gotea.
Te busco como eras
como quisiera el alma
agua salada y dulce
de mi oleaje y el tuyo.
Tiempo de ayer
Colombia donde salté
desde un tiempo con borrones
espejo
de mujeres
y hombres necesitados
de árboles aborígenes
de fusiles
y libros.
Casi siempre un recuerdo
un breve campanario
una melcocha gris.
Casi siempre unos padres
que volaban a ciegas
duendes de la memoria
pasajeros de un tiempo
que cabía en el cuenco de la mano.
Sé que algo
me falta entre las cejas
en la planta del pie
en el hilo delgado del recuerdo
algo que no conozco
pero está.
Mi mar
Mar revuelto
en las occidentales
marismas colombianas
Pacífico te llaman
sombrío
tienes tu propio estío
y tu propia manera de rodar.
Tam, tam
suena el tam, tam
del negro Juan
de la negra Carmela
del potrillo
tanto sol amarillo
y tanto preguntar
y preguntar.
Agua de océano
de nomenclatura
que nadie sabe para dónde va
aguas en la cintura
en el sombrero
en el hocico fiero
en el peje y la luna de metal.
Sé que vengo
de tus piernas saladas
de tu lejos y cerca
de tu aquí y de tu allá
que esta melancolía
clavada en la osamenta
es marea violenta
no más.
Agua verde y oscura
y esta naranja
dura
este repiqueteo circular.
¡Ay Colombia!
¡Ay Colombia!
Si no te hubieran cambiado
¡Ay mujer!
¿Cuándo te transfiguraron
te hundieron y te mezclaron
una
y otra
y otra vez?
¿En qué momento
te torcieron la mirada
desarmaron
y volcaron
como un balde de agua fría
sobre la playa mojada?
¡Ay de tu sencilla toca
de tu simple arquitectura
de tu voluntad de roca
¡Ay criatura!
¿En qué momento
te cambiaron el vestido
para cubrir con lamento
tu equipaje malherido?
Colombia
clave del viento
cuando baja la marea.
Al pie de tu sentimiento
hay un pájaro sediento
hay un niño que gotea
una casa sin ventanas
pavor y desgarradura
ni te mueres ni te sanas
¡Ay criatura!
Sur y norte
Sur y norte
norte y sur
tierra de fuego y contienda
mar al oeste y arriba
quien pueda que la describa
quien recuerde que la entienda.
Y a pesar
de su ronco respirar
del balazo y de la muerte
se juega a diario la suerte
y la sacan a bailar.
En una esquina
del continente
Colombia llora
Colombia siente.
Frente salada
costado abierto
flor de amaranto
tigre despierto.
Ángel de ruana y sombrero
vuela en mi caparazón
hasta que el aventurero
que llevo en el corazón
se canse de caminarte
de quererte y recordarte
por estos mundos de Dios.
Noche
La noche se derrama
el río corre
de arriba abajo
croan las ranas.
Es la noche a sus anchas
sin que nadie pregunte
sin que ninguno tire de la falda.
Los grillos se callaron
Entre el aroma
de los eucaliptus
duerme la oscuridad
duermen las nubes
pesadas de agua y viento
hace frío de noche y en Colombia
un ángel transparente
vuela a tientas
sobre sus amarillos
sobre sus niños verdes
sobre sus viejos tristes
sobre la soledad.
A esta hora
A esta hora
volvieron los caballos
en el techo translúcido resuenan
sus cascos de metal.
No los detiene el agua desbocada
ni las cuevas plagadas
de murciélagos
ni la guerra de siglos
tampoco el mutilado
la muchacha sin piernas
el huérfano empinado
en una tabla rota
sus cascos musicales
sus aureoladas crines
galopan en los prados sumergidos
piafan
como los garañones en acecho
¡Cómo
danza
y se abalanza
este cuero
postinero
este tambor
de aguacero
letal!
Secuestrados
Hay una selva llena de agujeros
de insectos carniceros
de piedras que revientan
al sol
una franja del mapa
colombiano
donde la lluvia muerde
este silencio
que ronda sin hablar.
Allá unos hombres
secos
se mueren a pedazos.
Secuestrados se llaman
es decir, invisibles
ni censo ni estadísticas los nombran
solo la madre
el padre
los hermanos
saben que son humanos
todavía.
Son los anochecidos
y amanecidos sin adiós ni cara
lejos de Dios
las cuentas no les cuadran
como a madera vieja los taladran
solo los picotazos
del hambre los visitan
se van borrando a sorbos
a olvido y manotazos
a tijeras melladas
a uñas desarraigadas
a gotas
a pedazos.
¿Eres?
Eres gruesa y delgada
alta y pequeña
negra de sombra y luto
o mujercita blanca
como la cal
india de anaco y de mirar enjuto
de levadura y sal.
Música prehistórica
te acuna
monstruo sumiso
paquidermo cactáceo
que respira
en lo más hondo de tu vientre puro
alondra
caracol
fruta caída
oro de buena ley y buena sombra
Colombia capitana de dos mares
lisa en el pecho
abrupta
en la cintura
ruge el viento del páramo.
Más allá
se levantan los verdes
dromedarios
del mar.
Navidad
Es navidad
vino dulce
cintura de mazapán
navidad de los suspiros
navidad
de tambor escandaloso
navidad
de betún y pomarrosa
de eucalipto y tulipán.
El pesebre
como fiebre
de un año que se diluye
¿Corre o huye?
¡Volvé acá!
Hay una vieja arrugada
y una niña acurrucada
en el filo del zaguán.
Mi navidad de juguete
mi noche de recordar
mi pájaro volandero
¡Callá!
Mi no sé cuándo
ni dónde
hay un eco que responde:
¡Volá!.
No
No sirve esta palabra
para decir
lo que eres
cuando la noche canta
entre la noche.
No quiero la palabra
presumida
para hurgar en tu historia
acariciar tus males
reconocer tus huellas digitales
abrirme
a tu memoria.
Para sacar a flote
las semillas
colgadas de tu vientre
estallar con las hojas de la lluvia
y caminarte adentro
contando los gusanos
que te llenan de flores amarillas.
No hacen falta
palabras de salón
solo pedir al corazón
que diga sin reato
lo que te necesita
y necesitas.
Que levante en la noche
de los páramos
los muertos campesinos
que todavía buscan sus zapatos
los niños estrujados
las mujeres de todos y de nadie
los barcos encallados
en arrecifes sin misericordia.
La miseria
aposentada en huesos colombianos
la intemperie
establecida en frentes colombianas
las sábanas raídas
que flotan en los parques
en los trenes
mar afuera
calles afuera
pómulos afuera.
Tierra de doble cara
y doble sentimiento
nadie sabe cómo eres
porque los que te cuadran el balance
borran y añaden cifras
a su antojo.
Por eso no nos sirven
las palabras.
Farol
Pálida luz
ciego farol
torcida calle
de angustiado talle
alebrestada sangre
de clavel.
Se siente
se marea
te empuja
te cornea
como un almidonado torbellino
como un luciferino
resplandor.
El sitio donde nace la cadencia
donde se redondea la conciencia
donde nos domestica el qué dirán.
La noche traicionera del soldado
el libro trasnochado
el primer aguacero
el siempre y el jamás.
Ésa es la patria aunque perfume lejos
ése su abrevadero
su desierto de espejos
su “hasta aquí”.
su pan recién horneado
su distancia
su olor de multitudes y de infancia
su alhelí.
Adiós
¡Adiós
Adiós!
¿Quién se pierde
en el fondo de la calle?
¿Es una hoja seca
un almanaque viejo
un fantasma
de vidrio?
Todo me sobra:
el viento
los talones
la conciencia.
Ni siquiera
me escucho
y eso es grave
ni siquiera me hablo
y está mal.
Un mosquito
se ensarta
en sus descuadernadas
mujeres campesinas
en su pena caliente
como las rojas tierras de occidente
como tu tempestad
mi tempestad.
Gloria Cepeda Vargas



