Gaza de PaloMas

Gaza de PaloMas
(A la memoria de Fátima Abdullah, niña de 9 años asesinada con un beeper por Israel hace unos días.)

Fátima, hija de Dalila, nieta de Sara y de Saúl, hijo de Jacobo —que Alá los cobije a todos—, era la última heredera de una tradición familiar que se remonta a los antiguos días del sultán Nur Adin, padre de Al Hadin, el primero y más célebre palomero, criador de palomas mensajeras, quien estableció un correo alado entre Bagdad y El Cairo.
Al Hadin, apoyado por su padre y por recomendación expresa del gran Gengis Kan, levantó un inmenso palomar donde adiestró más de mil palomas. Años después, fue llamado por Tipu, el Sultán de Mysore, para construir el palomar de la mezquita Jamia Mazjid, su cuartel general. Las palomas volaban entonces de Mysore a Bagdad, incluso de El Cairo a Jerusalén, llevando y trayendo bajo el pico mensajes de amor, de negocios, secretos de estado y estrategias de guerra.
La familia de Fátima descendía por entero de Al Hadin, y habían sido palomeros de oficio desde tiempos remotos. Tanto Fátima como su madre Sara, y Dalila, su abuela, aprendieron los secretos del antiguo arte de criar y adiestrar palomas en Palestina, su tierra natal, mucho antes de la ocupación israelí.

Cuando la abuela y la madre, al igual que Saulito y David, los hijos de su tío, murieron en un bombardeo que redujo a escombros la vieja casona y su gran palomar, Fátima logró rescatar veinticuatro palomas. Con ellas deambulaba entre ruinas, tratando de devolverles la confianza, el sentido de orientación y el impulso del vuelo perdido.
Fátima se movía de noche, con sigilo. A veces, cada tres días, conseguía enviar un mensaje pidiendo ayuda, suplicando el fin de la guerra. Hoy, solo le quedan doce palomas. Las otras no han regresado. No volverán. Los drones israelíes las confunden con misiles y las abaten.
Fátima, la Palomera —que Alá la ampare— no pierde la fe. Esta noche, al amparo de la oscuridad, entre los restos del muro de los lamentos, dejará volar con rumbo incierto una de sus palomas, con un mensaje por la paz que no sabe si volverá…
Texto e IlustrArte Digital By Keshava Lìévano
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