Y FUE CUANDO TODO SURGIÓ



Y fue cuando todo surgió.
Un astro, rostro de la tiniebla, apagó la oscuridad.
Surgió el detalle, y la Nada dejó de ser; dejó de ser la luz que no alumbra, la tiniebla que no se conoce a sí misma, el hedor de la noche sin nombre.
Y regresó de su misma nada, se llenó con su potencia que estaba oculta, apareció instantáneamente con sus mil rostros, uno de ellos el espacio-tiempo; porque ninguno existe sin el otro, ninguno es realidad por sí mismo sino un entramado de correspondencias, correlato de lo mínimo y lo máximo, de lo hermoso y horrible, de lo inteligente y torpe, salud y enfermedad, brillantez u oscuridad.
Y las nubes se regocijaron con la princesa blanca.
Y así, todos hemos heredado la existencia, el camino por donde somos luz y sombra; luz en la sombra, sombra en la luz.
Y de las ánforas nació el viento del norte; palabras vienen ahora sobre los álamos, vienen del origen de los mundos.
Y entonces debemos aprender a destilar la Luz de entre las sombras, debemos aprender a ver los cocuyos de la noche en el barro.
Y los pájaros hablaron con el agua, y la sombra de la selva cantó.
Y habrá un día en que la Verdad sea más extensa que la oscuridad, y el aire del cielo regocijo inmenso, una estera donde soles son los rostros de las almas, un río con barcos de banderas blancas.
Somos ahora el eco que se oye a sí mismo venir desde el vacío.
Somos ahora la rúbrica del viento en un nido de mariposas.



