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Sábado, 3 de octubre de 2026

FE EN LA JUSTICIA

FE EN LA JUSTICIA

FE EN LA JUSTICIA

Por Jaime Cárdenas / Terminó el juicio contra Álvaro Uribe. El 28 próximo viene la decisión final. Uribe, en estricto sentido jurídico, debe ser condenado, es decir, aplicándose un sistema de valoración de las pruebas que tiene un alto estándar para que con ellas se llegue a superar la duda y se diga el derecho, acorde con la ciencia que incorpora el derecho probatorio.

Es indiscutible que la decisión de condena a Uribe puede desatar emociones en favor o en contra, pero en este tipo de situaciones judiciales el factor emocional no cuenta, lo que cuenta es si se demostró o no la participación dolosa del acusado, lo cual, para este caso no tiene discusión.

Es rico y cualificado el compendio probatorio que se recaudara en contra del expresidente. Evidencias indiscutibles, grabaciones ordenadas por la Corte en las cuales el acusado da el visto bueno para el soborno, testigos que no obstante las presiones mantuvieron su dicho, su afirmación de que se les ofreció todo tipo de beneficios para que se retractaran y lo favorecieran, indicios graves construidos sobre hechos indicadores irrebatibles como son los  giros cuantiosos a diferentes testigos y familiares, “detallitos” como dijo una de las beneficiadas, siendo contrario a la experiencia la explicación de los abogados de la defensa de que entregan esas cuantiosas sumas por caridad, por la vocación humanitaria de dos de los abogados del acusado.

Reconstruir el pasado no es tarea fácil. Se parece a la labor de armar un rompecabezas. Hay unos dificilísimos. Pero hay otros, como los que suelen dársele a los niños subvalorando su inteligencia que son bastante fáciles de armar, las piezas centrales saltan a la vista. Así ocurre en el juicio de Uribe, hay pruebas irrefutables. Por eso Uribe debe ser condenado, no porque sea de derecha, sino porque a la luz del derecho probatorio y sustantivo cometió dos delitos.

Llegar al final del juicio ha sido una tarea literalmente heroica. Iván Cepeda denunció la relación de Uribe con el paramilitarismo que aterriza en su propia hacienda. Uribe lo denuncia ante la Corte. El máximo tribunal de justicia encuentra, una vez que absuelve a Cepeda, que el expresidente pudo haber instrumentalizado a diversos testigos para que desprestigien a Cepeda. Ordena que la sala de instrucción investigue al respecto. Para evadir a la Corte Uribe renuncia a senador y el caso pasa a la Fiscalía. Son los tiempos del tristemente célebre fiscal general Barbosa. Dos de sus fiscales delegados, contra toda evidencia piden que el caso se archive, jueces y tribunales niegan la solicitud. Comienza el juicio con la juez 44, se la acusa de parcial, vienen los gritos de Granados señalándosela en la audiencia de no garantizar el derecho de defensa, se instaura en su contra una tutela voluminosa que los medios de comunicación amplifican. El Tribunal de Bogotá no encuentra ninguna irregularidad en la actuación de la juez.

Interviene la fiscal, anuncia su teoría del caso, presenta pruebas, evidencias, testimonios de peritos y de conocedores de los hechos. Desde el exilio la médica Deyanira Gómez, quien pudo salir del país ilesa, cuenta cómo grabó a quien se autodenominara el aboganster, a Diego Cadena cuando concurría a la Picota a pedirle al testigo Monsalve que se retracte y favorezca a Uribe, la misma que facilita el reloj con que se graba al aristocrático Pardo H. condenado por secuestro, quien intercedía para tales fines ante el indeclinable Monsalve. Un temible jefe paramilitar desde la cárcel hace referencia a la plata que se le dio y dice que el papá de ellos, de los paramilitares “quién más iba a ser sino Uribe”.

La inmensa mayoría de los testigos a favor del acusado Uribe fueron condenados por delitos gravísimos, sean ellos de cuello blanco, como Uribito, o provenientes de hogares humildes.

Vienen los alegatos. Tanto la Fiscalía como los abogados de las victimas exponen serenamente sus argumentos jurídicos, desglosan las pruebas, se contraen exclusivamente a su análisis. La defensa se explaya en argumentos jurídicos sofisticadísimos con citas de autores alemanes, pero la ciencia de la cinesia nos muestra que ni ellos mismos estaban convencidos de su aplicación al caso. Ya lo refería Freud hace un siglo, nuestra voz y los gestos dicen lo que en el fondo de nuestra conciencia creemos. Y terminan sus argumentos señalando a Uribe como un benefactor de la patria, alabándolo por su conducta sin ninguna mancha, por ser hombre ejemplar, presidente de dimensiones universales, etcétera, etcétera. Antes de ellos, como era de esperarse, el procurador delegado, el que tiene por misión constitucional defender la ley, pidió que se absolviera al acusado. (Urge, es tiempo de que se dé un vuelco a la participación de los procuradores en los juicios penales).

La juez 44 Sandra Heredia ha demostrado que todavía es posible que los jueces sean inteligentes, valientes, imparciales y honestos. La fiscal Marlenee Orjuela, fue recusada y siguió al frente de su difícil labor. Merece un reconocimiento. Excelente su labor como jurista, logró demostrar su teoría del caso con acierto y capotear al poderosísimo equipo de defensores y su particular estilo. Gracias a ella se ha levantado el prestigio de una institución que venía malherida por quienes la han dirigido en el pasado, independiente de que en su seno siempre hayan existido fiscales impecables y probos. Los abogados de las víctimas han dignificado la profesión, la noble profesión de abogado. Y Cepeda, ha resistido por años el embate de un poderosísimo aparato de poder que sistemáticamente lo ha pretendido descalificar, destrozar. Cepeda un baluarte moral.

Por su parte, los testigos que fueron reacios a las ofertas, a las presiones, a los intentos de envenenamiento, a las amenazas, contribuyeron a que se llegara al final del juicio, juicio que tal como en el teatro clásico permitió que se corriera el telón para mostrar el horror, la impunidad, los crímenes de Estado que forman parte de la historia reciente de Colombia. Ha permitido que en el famoso banquillo de los acusados la conciencia moral colectiva siente a todos los que prohijaron que se llegara a nuestro holocausto criollo, empezando por la gran prensa, y siguiendo, por un sector del poder judicial que ha ratificado la santidad de terribles criminales, por las iglesias, por la clase política enredada en sus negocios y en sus sucias ambiciones, lógicamente por el ejército, y por supuesto, por la llamada opinión pública que cómodamente vio a otra parte cuando las victimas a gritos decían la verdad.

En Estados Unidos Al Capone fue uno de los gánster más desalmados y poderosos a tal punto que con su bate de béisbol rompía el cráneo de los socios que consideraba traidores. No podía haber llegado al poder que tuvo en Chicago sin la protección de los jueces, de la policía y del alcalde de la ciudad. En la llamada noche de San Valentín siguiendo sus órdenes se acribilló, se masacró. Una noche de terror. Fue entonces que actúa el presidente Hoover. Al Capone fue enjuiciado. Se lo procesó y se lo condenó no por todos los crímenes horrendos que realizara a instancias de su determinación, sino por evasión de impuestos, lo que a la postre significó su reclusión en Alcatraz y el fin de su carrera criminal.

Muy seguramente quedará sin conocerse la verdad de los múltiples delitos de los que se le ha acusado a Uribe, las denuncias duermen en su querida Antioquia, en la comisión de Acusaciones, en la Corte. En todo caso, con la decisión condenatoria del próximo 28 se dará un paso gigante para que el país considere que no está indefenso, para que Colombia crea en la justicia, fe sin la cual no es posible la supervivencia de una sociedad.


Imagen destacada: pantallazo de https://www.youtube.com/watch?v=S9fQ7Q8dEm8

odos los artículos de Jaime Cárdenas en Proclama del Pacífico:

Jaime Cárdenas

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