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Lunes, 12 de octubre de 2026
miércoles 2 octubre, 2013 a las 12:17 pm

FARC: negociando o en campaña.

Farc

Diógenes Díaz Carabalí.- 

No hay duda del escepticismo que cunde en el país frente a las negociaciones que se desarrollan en La Habana con las FARC. Los negociadores, por parte de las FARC, más parecen candidatos veintejulieros (termino coloquial), se encuentran en campaña buscando convencer a los colombianos de que tienen la razón, sin respaldo para demostrarlo, porque la única memoria que tenemos de sus “santificadas” acciones son las tomas a sangre y bala de pequeños pueblos, los muchos secuestros que han propiciado para sufrimiento de miles de colombianos, los tantos asesinatos a personas indefensas.

Hasta hace pocos años, en la larga historia de esta guerra fratricida, a muchos nos condolía y adjudicábamos razón a la lucha de las FARC, así fuera con argumentos tan infantiles como que, a sus cabecillas, agentes del gobierno les habían matado cuatro gallinas y un puerco durante la violencia liberal-conservadora, que ellos llaman razones objetivas. Pero su accionar, sus formas de guerra, los recursos aplicados, la crueldad de sus actos irracionales, al límite de la violación de los derechos fundamentales de la población civil y de las fuerzas que enfrentan, los pone ante el rechazo general de la inmensa mayoría.

Y lo más ridículo, que no se dan cuenta. Sus actos han servido para que el país se derechice; han impedido que surjan alternativas sociales, que se desarrollen políticas tendientes a reivindicar a los más pobres; han provocado el rechazo en la ciudadanía de toda idea que tienda a una mayor democratización, de ahí, y por ellos, se han elegido gobiernos tan nefastos como el presidido por Andrés Pastrana con la disculpa de la paz, o del paramilitar Álvaro Uribe con la disculpa de tierra arrasada, terminando en resultados tan desafortunados como el aumento de la corrupción, la baja inversión social, la pobre infraestructura, el bajo nivel educativo y cultural, los malos servicios de atención básica en salud.

Pero las FARC no se dan por enteradas. Los discursos de sus dirigentes siguen siendo el mismo palabrerío demagógico seudomarxista que ha significado un rotundo fracaso en otras esferas. Será que no ven las condiciones de vida del pueblo cubano, la pobreza de un país en medio del florecimiento económico europeo como Albania, la crueldad de la dictadura del régimen norcoreano, y el más cercano, las tremendas dificultades por las que atraviesa el pueblo de Venezuela aún con la inmensa riqueza del petróleo, un país donde hay que poner la brújula para navegar entre un mar de necesidades, para conseguir una bolsa de leche o una libra de frijoles.

Sin duda Colombia ha cambiado, y tiene posibilidades para realizar cambios mucho más profundos, pero como es más fácil la guerra, la guerra es una buena disculpa para vivir por fuera de la ley, les parece estar en la tribuna de La Habana para echar agrios discursos. Vivir en paz es una actitud más valiente, porque hay que tolerar al otro cuando plantea ideas con las que no estamos de acuerdo, toca demostrar con ideas que tenemos la razón, toca convencer al ciudadano que la visión del mundo y de gobierno es la que corresponde a un planteamiento determinado. En cambio, hacer la guerra, es mucho más fácil, es más fácil esconderse detrás de la fuerza, ponerse atrás de un fúsil para justificar una razón. Ojalá las FARC, en esta oportunidad, tengan un solo acto de valentía y acuerden construir un país con oportunidad para todos, así nos cueste sanar tantas heridas.

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