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Domingo, 4 de octubre de 2026
miércoles 11 abril, 2012 a las 9:47 am

Factor confianza, el buen gobierno

FABIO ARÉVALO ROSERO MD

Si un gobernante no gana la confianza de sus seguidores es posible que no ejerza ningún tipo de liderazgo sobre ellos. Lamentablemente, parece que la gente sigue perdiendo la confianza en los políticos y en los programas que ofrecen. Esto podría deducirse para la región surcolombiana donde una encuesta del Centro Nacional de Consultoría, contratada por el noticiero CMI para valorar los tres primeros meses de gobierno, no los deja bien ubicados*.

El índice de confianza en el gobierno debería preocupar prioritariamente a los gobernantes. La desconfianza por dirigentes e instituciones apunta a un quiebre cultural y a la continuidad de políticas fallidas. El problema no es una falta de líderes sino una falta de un clima de confianza en donde el liderazgo sea posible. La desconfianza alienta el rechazo interpersonal y despierta un comportamiento defensivo de la gente, por ello su expresión reflejada en el sondeo de opinión, que no es más que un llamado de atención ante la falta de credibilidad.

Es necesario edificar un modelo de autoridad basado en la verdad, el buen trato, la rectitud, la coherencia, la sabiduría y la humildad, sin pizca de arrogancia. La confianza se gana con un largo proceso donde el gobernante debe convertirse en paradigma profundamente convincente y no en un politiquero más o demagogo. La coherencia es ingrediente indispensable de la confianza y esta del liderazgo para ser dirigentes grandes. El gobernante debe dar ejemplo y cumplir primero lo que pregona. Hasta que no se construya una base de confianza es difícil implementar un programa de gobierno.

La confianza es algo que si dejamos que se desgaste termina derrumbando al gobierno más poderoso, al liderazgo más influyente, al carácter más fuerte y al amor más profundo. Pero si logramos desarrollarla, la confianza encierra el potencial de generar un éxito y una prosperidad sin parangón en todos los ámbitos, pero particularmente en un gobierno. La buena noticia, es que existen tres reglas para hacer buenos gobernantes, la mala es que por ahora no sabríamos dónde están. Si los gobernantes poco confiables (mal calificados en los sondeos) no dan un timonazo en la búsqueda del “factor confianza”, van a padecer de anomia, aislamiento y desazón. Tienen ante sí tres armas que les apuntan: la ley, la opinión pública y su conciencia.

El liderazgo es confianza mutua. Un líder por la jerarquía de su cargo, orienta, toma decisiones y asume la responsabilidad de las mismas; pero si existe confianza, se facilita el cumplimiento de los objetivos, de la comunicación, se fortalece el compromiso, el sentido de pertenencia, se desarrolla el respeto, se motiva y se alienta a cumplir mejor la misión asignada. El gobernante debe entender que si no construye “Confianza” mutua entre su gestión y la comunidad, no logrará desarrollar buena parte de su liderazgo, pues quizás cumpla algunas metas, pero jamás llegará a los corazones de la gente.

Apostilla: Finlandia es modelo planetario de educación sustentada en la confianza.

* (Resultados, gobernadores:

Alcaldes:

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