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Miércoles, 14 de octubre de 2026

Éxodo forzado en Guachené por las pandillas violentas

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El terror ya vació más de 50 hogares en Guachené, obligando a familias enteras a huir para no morir bajo el fuego cruzado. La vereda Obando se apaga, convertida en un pueblo fantasma que clama, entre balas y abandono, las comunidades exigen una intervención estatal urgente.

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El silencio en la vereda Obando no es paz; es la acústica del abandono. Donde antes se escuchaba el bullicio vecinal de una tarde cualquiera en el norte del Cauca, hoy se oye el eco seco de las cerraduras que se clausuran, quizás para siempre. Guachené, ese municipio que prometía ser el “Mejor Vividero de Colombia” o un bastión de esperanza afrodescendiente, se está desangrando por una herida abierta que nadie en el Gobierno Nacional parece querer cicatrizar, se trata del desplazamiento forzado.

En las últimas horas, cuatro familias más han empacado sus vidas en bolsas de basura y cajas improvisadas para huir. Con ellas, ya suman más de cincuenta los hogares vacíos en el municipio, y la cifra golpea con saña particular a la vereda Obando, donde treinta y cinco casas permanecen deshabitadas, como testigos mudos de una guerra que ha tomado los solares, las esquinas y hasta la tranquilidad del sueño.

La violencia se ha desbordado. Lo que ocurre en Guachené, y que se replica con simetría macabra en Puerto Tejada, Villa Rica y Padilla, todos pueblos afro, no es simple delincuencia común; es un asedio sistemático. Las pandillas, compuestas paradójicamente por hijos de la misma tierra, muchachos que aprendieron a caminar en esas mismas calles, han impuesto un régimen de zozobra donde el «impuesto» es la vida misma.

Éxodo forzado en Guachené por las pandillas violentas
Éxodo forzado en Guachené por las pandillas violentas

El alcalde Willinton Mina Vidal y su equipo de gobierno han agotado el diccionario de lo humanamente posible. Han gestionado, dialogado y buscado contener la marea criminal, pero la realidad es que la administración municipal enfrenta esta crisis sin apoyo del Gobierno Nacional. La capacidad institucional del municipio ha sido superada por una estructura criminal que no entiende de razones ni de pausas. El alcalde no ha bajado los brazos, pero sus esfuerzos chocan contra el muro de una violencia que requiere una respuesta de Estado, no solo de gobierno local.

Es aquí donde el grito de auxilio se dirige hacia Bogotá. La comunidad, con la voz quebrada de quien ve partir a sus vecinos, clama la presencia del presidente Gustavo Petro y, muy especialmente, de la vicepresidenta Francia Márquez. Ella, hija de este norte caucano, conoce el dolor de la violencia y el peso de la historia de estas tierras. Su gente se pregunta: ¿dónde está la mano extendida de quien juró representar a los nadies?

La petición es clara y urgente. Se necesita inversión social, sí, porque el hambre es mala consejera, pero se requiere con igual premura seguridad efectiva. El sector industrial del norte del Cauca, motor económico que emplea a miles de trabajadores, opera bajo la sombra del miedo. De nada sirve la productividad si el operario teme que una bala perdida lo encuentre al regresar a casa, o si al llegar encuentra que su vecino ha huido para salvar a sus hijos.

Un habitante de Obando, que resiste atrincherado en la casa que construyó ladrillo a ladrillo, resume la tragedia en un mensaje que debería taladrar la conciencia nacional: «No nos dejen morir». Relata cómo la noche anterior casi matan a un amigo, cómo el encierro se ha vuelto la única política de supervivencia y cómo la impotencia corroe el espíritu al ver que son pocos los violentos, pero absoluto su dominio. «Nos sentimos abandonados», sentencia, con la dignidad de quien se niega a arrodillarse, pero reconoce que las fuerzas flaquean.

La comunidad ha emitido un comunicado desgarrador dirigido a esos jóvenes armados, recordándoles que «no nacieron para destruir, sino para ser orgullo de Guachené». Es un llamado desde el afecto herido, pidiendo que no cierren la puerta a un futuro distinto. Sin embargo, la pedagogía civil necesita el respaldo de la autoridad legítima.

Éxodo forzado en Guachené por las pandillas violentas
Éxodo forzado en Guachené por las pandillas violentas

Guachené hoy es un escenario donde el miedo compite con la esperanza. Las familias que se quedan lo hacen por resistencia, por amor a su suelo, pero miran hacia la carretera esperando ver llegar la caravana del Estado que les devuelva la garantía mínima de cualquier ciudadano: vivir sin temor a ser asesinado en su propia sala.

Señor presidente, señora vicepresidenta de la República de Colombia: el norte del Cauca no necesita más diagnósticos ni mesas de concertación vacías. Necesita que el Estado recupere el territorio antes de que Obando, Guachené sea solo un nombre en un mapa de pueblos fantasmas. La gente buena, la que trabaja, la que ama, se está yendo. Y cuando los buenos se van, lo que queda es el abismo.

Complementario a la crónica inicial divulgada por Proclama del Pacífico, en la que se recoge el angustioso S.O.S. elevado por el alcalde Willinton Mina Vidal y su administración ante el Gobierno Nacional, la redacción ha recibido nuevos testimonios urgentes. Voces de familias afectadas y grupos de víctimas que, desde la protección del anonimato, nos han hecho llegar detalles escalofriantes que completan el cuadro de esta tragedia humanitaria. A continuación, compartimos la relación de estos hechos recientes:

La barbarie en Guachené ha cruzado el umbral de lo sagrado, mutando de una disputa territorial a una cacería abierta contra la población civil que no respeta ni el duelo. El horror tocó fondo este domingo 30 de noviembre de 2025 en el sector de ‘La 25’, a escasos metros de la vereda Obando, con un ataque indiscriminado desde camionetas presuntamente hurtadas que dejó dos muertos y varios heridos entre hombres y mujeres. Esta tragedia se prolongó hasta el cementerio, donde los deudos fueron recibidos a tiros en pleno sepelio de las víctimas dominicales, obligándoles a buscar refugio entre las lápidas. La espiral de sangre continuó sin tregua entre lunes y martes, 1 y 2 de diciembre en Obando; el homicidio de un residente, intentos de asesinato y el saqueo violento de viviendas, cuyas puertas fueron derribadas a la fuerza, han instaurado un régimen de terror nocturno que neutraliza los consejos de seguridad y empuja a las familias a un desplazamiento masivo hacia Cali, Puerto Tejada, Villa Rica y Jamundí.

Éxodo forzado en Guachené por las pandillas violentas
Éxodo forzado en Guachené por las pandillas violentas

La amenaza se ha sofisticado con una dinámica intermunicipal alarmante: estructuras criminales de Padilla, identificadas por la comunidad como los ‘Yarumales’ y los ‘Chamizos’, cruzan las fronteras invisibles para sembrar el caos, presuntamente amparándose tras sus incursiones en zonas de influencia del grupo ‘5 y 6’ ubicado en El Guabal y Los Bancos. El asedio asfixia también el pulmón económico de la región, pues en las vías hacia Propal y el Ingenio La Cabaña, caravanas de hasta diez motocicletas artilladas patrullan con impunidad, secuestrando la tranquilidad del corredor industrial y confirmando que, aunque la fuerza pública hace presencia diurna, al caer la noche la autoridad del Estado se desvanece ante la ley del más fuerte. Señores del gobierno Nacional, Guachené y el norte del Cauca envían un SOS, no les abandone.

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