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Sábado, 3 de octubre de 2026

EVOCANDO A SAN ANTONIO

Quinamayo

Crepitaciones

Haciendo reminiscencias inolvidables y placenteras de la Vereda San Antonio, una de las 104 que integran el municipio de Santander de Quilichao, Cauca, y también catalogado como centro poblado menor, al lado de El Palmar, La Arrobleda, Dominguillo, San Pedro y Quinamayó, vienen hacia mí esos días y tiempos primeros, cuando apenas egresado de la Normal de Occidente de Pasto, por un feliz designio de mi destino, me enviaron a laborar a la vereda San Rafael, como director de la escuela rural de esa vereda. Ese fue mi primer contacto con la docencia, con la población afro, con la calidad y amabilidad de sus gentes, con su dinamismo, chispa y buen humor. Desde esos días, quedé gratamente impresionado por la vereda y por Santander de Quilichao, hasta el sol de hoy.

Con el correr de los días, conociendo más y más amistades de la región, formamos un pequeño grupo de amigos y amigas, de San Rafael, Santander y San Antonio, y entonces, invitados por dos personas de la última vereda, organizábamos los tradicionales “paseos de olla”, al río Quinamayó, en esos pletóricos días, con aguas cristalinas e incitantes para darnos un chapuzón refrescante, debajo del puente que da entrada a la vereda San Antonio y rematando en la única caseta bailable que allí había. Así, de esta manera tan chévere, conocí aquella vereda, también de población afro, y con su misma forma de ser, amable y cordial. En esos tiempos tan inolvidables, la vereda apenas estaba despegando en su parte poblada, pero era muy turística y visitada más que todo por los quilichagueños, quienes hacían el trayecto a pie, desde la cabecera municipal. En medio de las conversaciones con mis amigos de San Antonio, comentaban sus proyectos de sembrar piña al por mayor, lo mismo que practicar el llamado “barequeo artesanal”, al estilo tradicional, sin ninguna pretensión, ínfula o deseo de destruir el medio ambiente, al estilo “moderno”. También mencionaban la palabra “tambar”, aplicable a la misma actividad. El tiempo fue pasando, el grupo se fue disgregando, cada uno cogió por su lado y solamente quedaron esas primeras impresiones gratas como un legado vivencial, que se aparecen ahora con más fuerza evocadora, recordando con tristeza lo que era antes el otrora San Antonio, en comparación con lo que hoy sufre por culpa de la tragedia minera, que hoy nos enluta.

Quizás, en mi concepto personal, el símbolo que encarna lo sucedido en San Antonio, está representado en el señor Angelino Carabalí, quien perdió en esa absurda tragedia a 5 de sus familiares, y quien en medio de ella, evoca con nostalgia esos tiempos buenos, del San Antonio de antes, de gente campesina y trabajadora, sin ningún contacto con la minería ilegal, que arrasó el medio ambiente y los seres humanos, ante un estado sin ni una pizca de sentimientos, que dejó a San Antonio en el más completo abandono. Mi solidaridad con él y sus habitantes.

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Otros artículos de este autor: http://bit.ly/PO5Qns

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