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Viernes, 9 de octubre de 2026

Estados Unidos administra el narcotráfico. Colombia lo combate.

Estados Unidos administra el narcotráfico. Colombia lo combate.
Estados Unidos administra el narcotráfico. Colombia lo combate.
Ilustración digital generada con IA.

La corrupción es tolerable si el corrupto se arrodilla.

Alfonso Luna Geller

Trump necesita intervenir directamente en la política interna de Colombia, porque el negocio del narcotráfico corre riesgos en manos diferentes a las de sus aliados.

Por eso, la más reciente declaración de Donald Trump —“Petro será el siguiente”— es para indicar que Estados Unidos aún se cree con el derecho de decidir quién gobierna, quién cae y quién obedece en Colombia.

Es más, la amenaza contra Petro no es, como hipócritamente dice, por narcotráfico; es por desobediencia. Recordar que Trump indultó a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras condenado por narcotráfico, usándolo como peón político, por su obediencia, subordinación y servilismo.

Trump, así como aplaude gobiernos corruptos si se subordinan a su estrategia, utiliza sanciones, desinformación y presión judicial para manipular países incómodos.

El presidente de los Estados Unidos ha demostrado que la corrupción es tolerable si el corrupto se arrodilla. Su ataque a Petro obedece a que el mandatario colombiano ha rechazado el papel de “patio trasero”. Petro no encaja en el molde del sometimiento, se niega a convertir al país en una plataforma para guerras ajenas y exige una corresponsabilidad real en el problema de las drogas.

En consecuencia, Trump anuncia su intervención directa sobre la soberanía, que a no pocos poco interesa, por indignos. Decir que Colombia “es la siguiente” es un acto de injerencia electoral descarada. Trump está lanzando un explosivo en la campaña presidencial de 2026, buscando activar el miedo y favorecer a sectores políticos locales que, históricamente, han preferido la subordinación a Washington antes que la dignidad nacional.

Son los mismos sectores que desde hace años viven del discurso del odio, que desprecian los acuerdos de paz y que aplauden cualquier intervención extranjera mientras sirva a sus fines.

La verdadera amenaza

Todo por el dinero. Esta es una cuestión de codiciosos, insaciables (veánles no más las caras). No es cierto que el narcotráfico sea un fenómeno aislado, exclusivo de Colombia, como pretende hacer creer el señor Trump. Es una cadena criminal transnacional organizada en varios eslabones:

  1. Producción y exportación: mafias importadoras pagan por el ingreso de drogas ilícitas a Estados Unidos, utilizando rutas marítimas, aéreas y terrestres. Son mafias gringas.
  2. Distribución interna: en las calles norteamericanas operan redes de distribución altamente organizadas, con jerarquías similares a las de cualquier corporación, que garantizan el acceso constante de drogas a millones de consumidores. Son mafias gringas.
  3. Lavado de dinero: los miles de millones de dólares generados se legalizan mediante bancos, paraísos fiscales, inmobiliarias y empresas fachada. Este dinero de las mafias gringas mantiene vivas otras mafias menores en distintos países, alimentando la economía criminal global.

Lo sospechoso es que la persecución se concentra en algunos productores y transportadores, mientras los grandes lavadores y comercializadores en Estados Unidos y Europa rara vez son tocados. Esa selectividad fortalece el narcotráfico y perpetúa la rentabilidad del crimen.

Trump y la protección a los mafiosos

La declaración de Donald Trump —“Petro será el siguiente”— hace parte de la lógica de poder que protege las mafias.

En lo corrido de 2025, la disparidad es abismal: el gobierno Petro ha incautado más de 820 toneladas de cocaína, una cifra récord. Esto incluye la destrucción de laboratorios y el decomiso de toneladas adicionales de otros estupefacientes, lo que da cuenta de la intensidad de la ofensiva estatal contra el narcotráfico. Grave daño causado al negocio. En contraste, en Estados Unidos no se registran significativos datos sobre incautaciones internas. Todo llega directo a las narices gringas y a los bolsillos criminales. Según la Evaluación Nacional de Amenaza de Drogas de la DEA, los decomisos se concentran en drogas sintéticas como el fentanilo y rondan apenas una fracción de lo confiscado en Colombia, confirmando la desproporción en la lucha contra el narcotráfico. Y el favorecimiento de los negocios “al otro lado del charco”.

Siendo Estados Unidos es el principal comprador y consumidor de drogas ilícitas en el mundo, obviamente, Petro, será su principal enemigo. La pregunta es inevitable: ¿por qué no se persigue con la misma fuerza a los mafiosos que distribuyen las drogas en las calles de Nueva York, Chicago o Los Ángeles? ¿Por qué no se sanciona a los bancos que lavan miles de millones de dólares?

La respuesta es incómoda: porque el crimen, en dólares, se ha convertido en una de las actividades más rentables de la economía mundial. Y porque esos dólares sostienen intereses financieros y políticos que nadie quiere tocar, menos el presidente Trump.

En el mundo criminal, solo circulan y tienen valor los dólares americanos. Y Trump, como líder del poder estadounidense, sabe que controlar esa economía ilícita es también controlar la política regional.

En resumidas cuentas, como se evidencia, Estados Unidos no combate el narcotráfico; lo administra, en razón a que es la actividad más rentable de la economía mundial, es una industria multinacional cuya moneda oficial es el dólar americano. No es el peso colombiano.

Trump no defiende valores democráticos; defiende intereses, negocios y obediencias.

Y a este lado, defender la soberanía no es defender a un presidente. Es defender el derecho de un pueblo a elegir libremente su destino, sin tutelas ni amenazas extranjeras. La dignidad nacional, como la independencia, no se mendiga: se ejerce.

Claro está que también he visto colombianos que no tienen ni idea de qué es dignidad.


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Alfonso J. Luna Geller[email protected]

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