ESTA BELLEZA INEXPLICABLE



Seré pasto de olvidos mañana.
Un círculo de soledad
en un mundo sin memoria.
Pero debo recordar
que tuve todo derecho al lado de los sueños.
Salvo la leve infamia de creerme eterno.
Edgardo Escobar. En: Esta belleza inexplicable. 1995. Pág. 45
El título no es mío. Es del librillo del poeta Edgardo Escobar de Manizales. Mi primera salida a Encuentros de poesía en Anserma en 1996 lo puso en mis manos. Ah, tiempos aquellos de sol, viento y viajes. Queda este gran poemario como testimonio de un ayer que canta como si fuera hoy.
Van quedando los libros, eternos amigos y compañeros fieles. Como El arte de amar y Metamorfosis de Ovidio, la Biografía de Emily Dickinson por George F. Wicher en la que me regodeé viéndola crecer en el seminario de mujeres en Holyoke, saltar y sembrar lirios en su homestead y recluida voluntariamente en el cuartito del segundo piso en Amherst, su Antología bilingüe y Cartas Poéticas e íntimas, la Divina Comedia de Dante, como la Antología de Poetas Líricos Castellanos de Grolier, mis diccionarios y gramáticas de griego, latín, francés, inglés, ruso y castellano, A Través del Desierto de Enrique Sienkiewicz, primera novela que oí de labios de mi maestro de castellano el padre Alfonso Olaya, Sandokán, el Tigre de la Malasia de Emilio Salgari, Odas Selectas de Quinto Horacio Flaco, De la Amistad y Catilinarias de Cicerón, las obras completas de Quevedo, Cartas a Théo de Vincent Van Gogh.
También me miran locuaces doce libros de Alberto Manguel, entre ellos, El Legado de Homero, Una Historia de la Lectura, Lecturas sobre la Lectura, La ciudad de las Palabras, Curiosidad, una historia Natural, La Poética de Aristóteles, los Diálogos de Platón, la obra completa de Jorge Isaacs, la Obra completa de Meira Delmar, Secreta Soledad y Torre de Niebla de Mariela del Nilo, Mirada al Sur de Aurelio Arturo, Lolita de Nabokov, Alicia a Través del Espejo de L. Carroll, Historia del Ojo de Bataille, Teoría del Ensayo del mexicano José Luis Gómez-Martínez, Aire de Tango y El Día señalado de Mejía Vallejo.
A su lado están latiendo como perros sedientos poemarios de unos amigos: Génesis del Diluvio de Augusto Hoyos, Por el Hilo de las estrellas de Horacio Benavides, Antídotos de Ruda y Tesis sobre el Fracaso de Luis Carlos Bermeo, Antes del Más Allá de Olga E. Mattei, La Danza de los Hilos de Amparo Romero, Festejos y Memorias de Alos Rojas y Mabungú de María Teresa Ramírez.
Ah, los libros. Hablan más que las personas. Callados ahí, parados como momias egipcias, nos invitan a agarrarlos y abrazarlos y leerlos. Tienen misterios altos, luces de color y caras de vegetales, olores y misterios. Ahí están vivos sus autores con la boca abierta y su lengua traducida. A la hora que usted quiera. No tiene que ir a un salón, ni de etiqueta.
18-07-17 10:17 a.m.



