ESPINA EN EL CORAZÓN


ESPINA EN EL CORAZÓN

A Yazmín Alcira Muñoz Cárdenas
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!…
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero…
-la tarde cayendo está-.
«En el corazón tenía
«la espina de una pasión;
«logré arrancármela un día:
«ya no siento el corazón».
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
«Aguda espina dorada,
«quién te pudiera sentir
«en el corazón clavada».
Poema: Yo voy soñando caminos. Antonio Machado
La vida es un tejido de instantes, es un campo de batalla, es un ruedo de amores y desamores. El corazón del ser humano anda, entonces, confundido entre el tiempo, los azares y los latidos del propio pecho. Nada ocurre sin que el corazón lo pulse o lo arrulle.
Va por el mundo vagando quien una vez nació en una cuna y sin poder dar un paso. Sin barruntar, siquiera, – estaba muy lejos – de los avatares que hacen suspirar, luchar, soñar o llorar. No es que solo se sepan verbos terminados en ar. Es que el oído no sabe de otra cosa que a su corazón sentir palpitar.
Tantas cosas, hechos, triunfos y caídas ve el ser humano… Alguna vez ha de haber sabido qué es dolerle el corazón. No es por grasa o exceso en la comida o estar gordo… No. Es porque una espina ha tocado las fibras del corazón.
Sí. El corazón está protegido por las costillas, en un lugar muy celoso, como que es un santuario de Amor. Pero cualquier vientecillo de desamor, de celos, de ingratitud, no se sabe por dónde entra sin permiso para herir o alborotar el ritmo de ese manantial de latidos que rige nuestros afectos.
Antonio Machado, sensible, maestro del alma, médico de amores lo expresa como si fuera en carne propia: El corazón llega a ser en el ser humano un centro en donde confluyen juntas emociones, pasiones, afectos, desafectos, odios y resentimientos. A veces, como una imagen de un emoticón se agiganta de rojo y se infla sin límite alguno. Otras es el centro de desengaños y – como un tablero de tiro al blanco… llegan como tiros de flechas -, espinas que punzan peor que hoguera de llamas ardientes.
El corazón, entonces, se resiente y tiene uno que asentar la mano sobre el pecho, encima del corazón, para obligarlo a que saque la espina que ha sido clavada al intentar dañar la rosa que antes había florecido allí.
Pobre corazón humano que así actúa cuando alguien – insensible – intenta robar su calma hiriendo con el desprecio o el olvido… Son espinas de punta fina y pico encendido que hieren donde el Amor estuvo. En el centro del corazón.
Ingenuo Antonio Machado que compuso esta canción. Suena como un poema que ayer era de amor: Anoche cuando dormía soñé, bendita ilusión, que una colmena tenía dentro de mi corazón. Pero, hoy se ha convertido en tortura de pasión: «En el corazón tenía una espina. Logré arrancármela, pero ya no siento el corazón».
Es el precio del desamor. Qué es el ser humano sin un amor? Ya no late sino que gime, ya no es un reloj que canta cada minuto. Es un niño caprichoso y llorón. Los latidos han cambiado por punzadas, queman y no dejan dormir, como dicen Johnny Albino y su trío.*



