EL ESPECTÁCULO DEL CONGRESO


En los dos martes pasados de este mes de abril del presente año, exactamente los días 5 y 12 respectivamente, después de las tres de la tarde, he tenido la “valiosa” y curiosa oportunidad de oír y de escuchar (siendo dos actividades muy parecidas, pero con un tinte fundamental y sutil de diferencia, se oyen cualquier cantidad de voces y de palabras, sin atención ninguna, pero cuando las escuchamos, allí sí aguzamos los sentidos y nada se nos escapa) los debates y las intervenciones de nuestros “Honorables” Congresistas, los famosos “Padres de la Patria”, de todos los partidos políticos, sexos y condiciones humanas habidas y por haber y como dijo un amigo chistoso, “de todas las calañas posibles en este mundo que es un pañuelo”.
Ellos y ellas, los actores principales, hablan de lo divino y de lo humano, unos con refinado y viril acento, cuidando las palabras para que se oigan bien y no se desperdicien por nada del mundo, otros de manera sencilla, rebuscándose las palabras, tratando de pescarlas, para ver si atrapan una que se oiga bien y que sea interesante, unos alzándose la voz con rabia infinita, mostrando los dientes y hasta los puños (“despotricándose”, diría mi amigo), otros con paciencia franciscana, midiendo cada vocablo hasta el infinito, en fin, ellos llaman la atención a su manera de acuerdo a los guiones entregados, “discurseándose” del mejor modo posible y “pavoneándose”, como grandes y consagrados actores de la democracia nacional, ganándose sus milloncitos así de esa manera tan teatral, porque saben que ALLÁ ARRIBA ESTÁN LAS CÁMARAS DE TELEVISIÓN Y SUS OPERADORES QUIENES LOS ESTÁN PASANDO EN VIVO Y EN DIRECTO, ante un público colombiano sufrido y desesperado con una cantidad infinita de problemas y dificultades de toda clase, viviendo y sobreviviendo las verdes y las maduras, tratando de pasar el día a día a como dé lugar, y tomándose aunque sea un tintico y un juguito, mientras los vemos a ellos hablando y comiendo bien sabroso, delante de todo el mundo.

Y eso no es todo. Los actores secundarios, aquellos que no tienen esa oportunidad de hablar y de pontificar en la llamada sesión plenaria de los martes, comienzan a hacer sus papeles protagónicos, con lujos de detalles. De esta manera, vemos pasear como turistas en medio de los pasillos del recinto, a algunos congresistas quienes se saludan con abrazos del oso y palmaditas efusivas. De pronto aparece en todo el centro del inmenso recinto otro congresista con un maletín en la mano y algo les dice a los secretarios del mismo. Otros suben rápidamente con celulares en la mano y hacen cola para tratar de entregárselos al Presidente del mismo, el Senador Velasco, quien ante la confusión planteada, no sabe qué hacer y se rasca la cabeza, pidiendo auxilio. Otros están tranquilamente por allí cerca chateando en sus celulares y ríen alborozados porque han visto algo chistoso.
Todo esto pasa, con la peor mala educación y desfachatez del mundo, mientras unos pocos congresistas trabajan y tratan de arreglar el país y la mayoría se la gana sin hacer nada ante las cámaras de televisión.



