Escribir sobrevive a las crisis



Escribir sobrevive a las crisis
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy
Vivir el día, sobrevivir a las crisis, poder saborear el placer que da cada día es el mejor antídoto para la soltura y poder sostener la seguridad de no sucumbir. Habría mil motivos que alguien podría esgrimir para quejarse y pregonar que estamos en una coyuntura de la cual difícilmente podríamos librarnos.
Quejarse, lamentarse, imitar al viejo patriarca Isaac, es echarse al suelo, patear como el mulo el palo al que está atado para seguir ahí mismo. Las crisis son etapas esporádicas que evidencian males no curados, necesidades no satisfechas en una sociedad. Es la punta del iceberg que salta a la vista para anunciar que estamos en peligro, como el barco que empieza a caer en barrena.
¿Que de cuál o cuáles crisis hablo? De las consecuencias del mal gobierno, del cierre de empresas, de la falta de agua potable, de la falta de apoyo a los campesinos que no tienen aún carreteras para sacar sus bultos al mercado de plaza.
Nunca los banqueros hacen paro por falta de plata en sus arcas. Nunca a los sibaritas les falta el vino, las mujeres y el carro para hacer sus fiestas. A quienes tienen plata y no viven de un sueldo nunca les llegará una crisis. Son los bienaventurados que nacieron en cuna de palacios y mansiones de lujo.
Solo a los pobres, solo a los campesinos, a los indígenas les llegan las crisis. Nunca hablarán de verdad los diarios cuando hablan de crisis. Hasta sus escritorios no les llegará el hambre a tocar su puerta. Hablan de las crisis de otros, pero hablarán de eso y en las columnas siguientes les harán coro a los ministros, a los alcaldes y a los empresarios. Y gastan las páginas hablando de Maduro y de falta de luz eléctrica en Venezuela en las noches.
Yo, aquí, leo el periódico en internet, veo desde la ventana muy poca gente que entra al supermercado y muchos menos que salen con sus bolsas llenas. Vienen como la Lechera a darse un paseo con su bolsa llena de cosas ricas y salen con dos panes y una panela para decir que algo llevan.
Se fue el presidente que ofrecía la gran prosperidad y ahora llega el sonriente apadrinado con alzas, recortes a lo bueno que había y en viajes de campaña.
Estamos en la entrada de la crisis. Todo sube, todo es mentira. Solo nos toca recurrir a oír los tangos de Canaro y Soñar y nada más con De Ángelis. Y escribirlo, dejar constancia. No podemos quienes escribimos dejar descansar la pluma. Aunque tengamos que pedir prestada al tango su canción.
¿Que crisis de todo? Hasta de excusas y de sueños. Es la ventaja de poder escribir de lo divino y de lo humano. Lamentarse de que faltan insumos para hablar de crisis. Ese es el cuento del nuevo presidente que nos presenta Uribe. Él lo apoyará como su “Padrino” para que luzca sus canas nuevas.
03-04-19 – 2:22 p.m.
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