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Viernes, 2 de octubre de 2026

ESCRIBIR PARA EL POEMA

ESCRIBIR PARA EL POEMA
ESCRIBIR PARA EL POEMA
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

ESCRIBIR PARA EL POEMA

ESCRIBIR PARA EL POEMA
Imagen: https://bit.ly/2oX25jb

… pensaba que el mundo está tan lleno de dolor
que a veces debe producir algún tipo de canto.
Y que la secuencia ayuda, tanto como ayuda el orden—
primero un ego, luego el dolor y luego el canto.

Fragm. de Faint music. Robert Haas.

A Lucy Amparo Bastidas, poeta del bambú.

Cuando abro el libro de mil colores espero sorpresas. La internet tiene esa magia. No sabe uno qué joyas va a encontrar. Porque, eso sí, que hay joyas…, las hay.

Hoy me encontré con una frase del norteamericano Robert Haas, Pulitzer de Poesía 2008, que es una auténtica joya. «No escribo para nadie. Escribo para el poema.»

Cuando uno escribe no lo hace para que alguien se sienta aludido. Lo hace porque lo siente y porque el tema le pide que lo diga. A partir de escoger el título, después de darle vueltas al asunto, por fin, como el perro que busca descanso, estira los dedos y empieza el chorro de letras a salir. Tal vez, si encuentra alguna afinidad con alguien, al final del escrito lo pueda dedicar en su honor.

Escribir, no solo Poesía sino perfiles o crónicas o columnas de mera opinión, es una pasión humana. Lo hace uno casi por intuición. Se sienta uno frente a la casa de las palabras y ellas van saliendo a saludar y conversar. Casi sin darse uno cuenta, al final ya aparece escrita la cuartilla o el poema.

La Poesía no es de otra familia, pero es más exigente que la prosa de la cuartilla diaria. La Poesía lo va tomando a uno de la oreja o de la mano y parece que dijera: «A pensar, pues, porque esto no es un cuento ni una discusión. Ahí van las cuotas de imaginación, atrevimiento, creatividad, vuelo, novedad y osadía.»

El único que debe estar comprometido con lo que escribe es el poeta. Tiene el hervor en el pecho, se siente como un conquistador y emprende un viaje del que no regresará el mismo. Ni siquiera va acompañado de palabras. Son imágenes las que lo buscan, lo rodean y se le inoculan en su sangre y las neuronas. Si Cervantes se sintió como un caballero andante, el poeta es un ángel o un demonio, una avis rara o ser extraterrestre. Ya su nombre es otro y lleva un sello en su frente. Avasalla, destruye y crea.

Robert Haas no se enreda en las ramas. Se centra en la idea. Sus poemas son escenas de pequeñas tragedias o hilachas de amores idos o momentos de silencio de los bosques o búsqueda del color dominante. Sí, escenas sobre búsquedas y hallazgos. El poeta no puede definir o suponer. Su tarea es hallar, es un descubridor de pequeños continentes u océanos o colores en la cara o en el seno de una mujer.

Haas parece un creador de mundos. Su propio yo, el de mujeres, de platos de comida con verduras o este que vivimos y que no narró el Génesis.

04-09-18                                                           10:07 a.m.

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Otras publicaciones de este autor en: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/

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