Entre Saturno y el tiempo perdido


Buenos momentos para reflexionar sobre el tiempo, que se vuelve relato, narración histórica o simplemente olvido.
Tiempos presentes que nos remiten a las sociedades arcaicas y sagradas, de los dioses héroes, de los dioses mitos, donde no era necesario ni el trabajo ni la tecnología para vivir.
Saturno, el dios del tiempo fugaz, transitorio y fugitivo, el dios longevo, con poder para manejar los instantes y barajar los siglos.
El dios romano que devoraba a su descendencia para salvar su propia vida.
El mismo mito de la creación, fábula que soporta el universo para poner la vida a salvo de la destrucción, que aparece siempre en la conciencia recurrente de la humanidad.
Vida repetida, creación repetida, invención y tradiciones repetidas, como en “el mito del paraíso perdido”, donde los seres humanos han buscado paisajes y horizontes distintos a los de su tragedia temporal.
Búsqueda incesante y metafísica de territorios ideales, perfectos, dotados de todas las comodidades físicas e inmateriales que no se disfrutan en las sociedades humanas.
Mitos donde los seres humanos ya no tienen por qué preocuparse por la abolición del tiempo, la cesación del dolor, la extinción de las necesidades y la disolución de la injusticia. Mitos de la paz celestial, con felicidad en tiempos reales.
Mitos que solemos ubicarlos y dejarlos en tiempos pasados, como un testimonio de momentos superados. Sin embargo, los mitos siguen vivos, en la manera que los seres humanos no encuentran explicaciones racionales, científicas, dialécticas e históricas sobre su presencia terrenal.
Mitos que reaparecen con otras dimensiones antropo-éticas del tiempo, donde los dispositivos de la narración e interpretación hermenéutica de la realidad incorporan lo que pensamos de los otros, de la historia y de nosotros.
¿Acaso los conceptos de temporalidad, de vida y necesidad en tiempos de la postmodernidad no son los mismos de las épocas sagradas y arcaicas?
Guardada la proporción histórica son los mismos. El vértigo de ayer es el mismo vértigo de hoy, incluso vértigo en los momentos de la presunta paz religiosa y moral del Medioevo.
Tiempo que se ha tornado en moral patológica, con altísima dosis de obsesión por cronometrarlo, con relojes atómicos, como si se pretendiera de manera enfermiza establecer en nuestro planeta el mito de la inmortalidad terrenal de los seres humanos.
Y como en las épocas del tiempo mítico, detenido, sin interrupciones provocadas por la tragedia y la muerte, en la postmodernidad que nos hostiga y nos pisa todos los días los talones, la producción tecnológica virtual, desmesuradamente vertiginosa, en la que las comunicaciones sobre los acontecimientos humanos y naturales se tornan universales, en nanosegundos, para todos los habitantes del globo terráqueo y simulan el control del tiempo, cuando en realidad el hombre y la mujer de la posmodernidad son víctimas de la acelerada tecnología virtual, controlada por un reducido grupo corporativo dueño del “mito de la inmortalidad informática”.
Informaciones fantásticas y quiméricas recibimos y recibiremos todos los días, orientadas a legitimar la anarquía en la producción capitalista, como única forma de existencia humana.
Forma de producción que incluye vender la imagen de la longevidad del sistema productivo vigente y la longevidad de los seres humanos, para acercarse al mito de la inmortalidad.
Es como si estuviéramos en manos del Frankenstein del 2014, del siglo XXI, en lucha por dominar plena y totalmente la naturaleza y el espacio exterior, con mentalidad de supremacía científica y financiera, de potencias dueñas del planeta.
Se trata de una estrategia a largo plazo, que maneja la parábola del renacimiento, de la renovación, de la transformación ontológica, en cuya narración se salvan el ser humano y el planeta.
Los grandes círculos del poder mundial, para mantener los escenarios de la desigualdad económica y social no hacen muchos esfuerzos para innovar sus esquemas de dominio ideológico y político. Acuden a la parábola de la cirugía estética, que intenta de aplazar los cambios epocales y la vejez de los modelos basados en relaciones opresivas.
Cirujanos con monumentales poderes económicos le muestran a las naciones la manera de modificar todos los modelos de la creación, para derrotar, por última vez, al tiempo y a la naturaleza.
Serán sociedades humanas sin conflictos, donde la economía de mercado solucionará todos los desajustes sociales, económicos y culturales.
La vida será diferente, y cada ser humano brindará, al comenzar el año, como si fuera un Francis Fukuyama, invocando que ya no tendremos conflictos ideológicos ni políticos, y que sobre la más alta cumbre de la historia aparecerán el hombre y la mujer de la postmodernidad burguesa plenamente satisfechos, tanto que ya no existirán causas ideológicas o políticas por la cuales haya que arriesgarse, ni se oprimirá la vida de los demás para lograr, a plenitud, abundancia social y material social. Simplemente mitos.



