ENFERMIZA LA DECISIÓN DEL PROCURADOR


Loco-mbiano

Por decir lo menos, la decisión a fin de año, cuando todos hablan de concordia, reconciliación y regalos sinceros, el procurador Ordóñez ha lanzado una piedra de escándalo público. Ha alborotado hasta a las más impensadas instituciones como la ONU y el gobierno de Estados Unidos.
No cabe en la cabeza fría de los colombianos que el procurador se haya sobrepasado y haya tomado una decisión fuera de tiempo y sin tener en cuenta la otra faceta del asunto de las basuras. En su momento los periódicos y la TV dejaron ver las basuras en las calles de Bogotá. Yo mismo las vi y quedé sorprendido. ¿Por qué un Alcalde con todo el dinero y las posibilidades en la mano, permitiría que eso sucediera?
También lo vi hace poco en Buenos Aires, lo vi en Lima hace años, como escena diaria. No es un ejemplo macabro y un hecho peligroso e inmediato como lo quiere ponderar el señor Ordóñez. ¿Quién hubiera dicho, entonces, que todo era fruto de una confabulación que se fraguó para hacer parecer la cara de Bogotá como un botadero general de suciedades, agujas hipodérmicas, vidrios, químicos hediondos y animales putrefactos por tres días?
Eso es lo que indican los indicios que ahora salen a flote y que estaban debajo de las sábanas que, según el procurador, estaban a punto de colapsar por fiebres, vómitos y bacterias infecciosas. Pero no fue sí, afortunadamente. Todo estuvo en la mente del gran fabulador.
En su celo por hacer quedar mal a los representantes públicos más trabajadores de la oposición, la mujer y parlamentaria, Piedad Córdoba, y ahora, Gustavo Petro, los descalifica como enemigos de la Salud, él, y de la Paz, aquella.
Sus ojos lucen desorbitados lo mismo que sus 400 folios que contienen el acervo probatorio que condujo por caudal desviado hacia la destitución -no tan fulminante como se quiere hacer ver, y con la inhabilitación que se quiere imponer en contra de las normas internacionales, como se ha dicho por expertos y divulgado por todos los rincones.
Eso no lo había sopesado ni lo tuvo en cuenta en sus largos datos y documentos el señor procurador, convertido ahora en un Torquemada y defensor por la ofensa a la Salud de Bogotá. Cosa que no ha hecho con las EPS y con los que se han llevado sus recursos del Estado por la puerta giratoria y los recobros que todo el mundo ve impávido.
Paz y salvo para unos y fuete para la oposición, parece ser la norma en este caso.
Desde estas columnas hemos alabado que en Colombia, por fin, hay un amedrentamiento, un real esfuerzo por aplicar la ley a los corruptos por parte de instituciones como la Contraloría, los jueces, las altas Cortes y la misma Procuraduría. No pueden pasar impunes los robos al erario, el pago de coimas por contratos gubernamentales, la desviación de estos recursos para fines distintos y lucro personal. Algo se ha hecho bien y la sociedad lo ha visto con buenos ojos y a tiempo.
Pero, ahora y aquí, luce extraño que pasado el peligro, este bombero llegue a apagar lo que nunca causó un evidente perjuicio ni conflagración. La justicia debe esclarecer qué hay de cierto en las declaraciones del señor Emilio Tapia que florecen tarde, como también este desafortunado fallo, que debía tener otro nombre y reservarse para los estrados estrictamente judiciales.
Así como se apresuró el señor Ordóñez en acelerar la decisión en este momento de la vida nacional, también debe recoger lo que se está viendo por debajo de toda la tramoya que se está abriendo ante la opinión pública.
12-12-13 10:36 a.m.
http://www.elespectador.com/opinion/editorial/decision-desproporcionada-articulo-463198
http://www.elespectador.com/noticias/bogota/guerra-fria-efecto-petro-articulo-463635



