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ENCRUCIJADA

ENCRUCIJADA 2
ENCRUCIJADA
Por Leopoldo de Quevedo y Monroy

ENCRUCIJADA

ENCRUCIJADA
Imagen de: https://bit.ly/2LzeFlM

Pensé mucho sobre qué tema iba a escribir hoy a mis lectores. Después de esculpir tantos años sobre esa piedra que es la duda, la incertidumbre o el destino, decidí por este título.

Encrucijada viene de en cruz, de una situación que sobreviene en ciertos momentos del ser humano. Parece que al transitar por el camino de la vida, como lo dijo el Dante, se encuentra uno expósito, desorientado, sin saber qué camino tomar. Como si se le atravesaran palos o espadas por delante, a los lados y por detrás. Esto es, como si estuviera crucificado y no pudiera moverse sobre los dos maderos, clavado.

Muchas veces amanece uno o anochece – o también a medio día -, sin poder uno discernir para tomar una senda y avanzar o retroceder. Sí. Está uno como clavado en un punto. Tiene los ojos abiertos y no ve. Las ideas parecen tontas y se esconden en el rincón del cerebelo. Queda uno como el timonel de un buque o una canoa en época de tormenta. Sin sol adelante o luna arriba o una estrella que lo guíe. Todo es agua y lluvia y truenos y relámpagos.

La voluntad, entonces, parece que no existiera. Se hace la remolona y se esconde tras una columna. El ser humano en esos casos debería serenarse, sentarse, admitir que en ese instante es inhábil para asumir el control y seguir el nudo consejo del gato Cheshire sobre el árbol a Alicia.

El sofoco o adormilamiento no puede invadir la voluntad de un ser pensante y criado en este mundo lleno de tropiezos y también de oportunidades. Ni por muy viejo o poco capaz o inexperto el ser humano puede dejarse dominar de la indolencia o dejarse abatir por el sopor y la inactividad. Tendrá uno que despabilarse y levantar cabeza.

Para quien está vivo, la sangre, el oficio aprendido o la necesidad están latentes como el ladrido en la boca del perro cuando huele a peligro o al amo. No puede uno quedarse mano sobre mano o distraído. El mundo está al frente y lo llama a ser útil o a despedirse si está con gangrena o le han diagnosticado insuficiencia de ganas y alcance en la orina.

Tendrá el ser humano que estar ciego, enfermo de remate, sin nadie cerca que lo ayude o que ya ni tenga aliento para lanzar un ¡ay! o un ¡oiga! y alguien acuda en su auxilio. Hasta los malos pagas son de buenas y encuentran quien los auxilie en una pela dura.

Tal vez titulé mal mi escrito para lo que estoy describiendo. Mientras el ser humano tenga un hilo de consciencia y de fe en su carne y pueda mover los pies, es posible levantarse aunque sea con ayuda. O su voluntad siempre fue pobre y dependiente de otros. Porque ni los sordos o mudos o con mal de san Vito han muerto de hambre en una necesidad.

Estar en una encrucijada no es lo mismo que «dejado» al propio abandono.

24-07-18                                     8:30 a.m.

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Otras publicaciones de este autor: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/leopoldo-de-quevedo-y-monroy/

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