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Viernes, 2 de octubre de 2026
domingo 22 febrero, 2015 a las 6:15 pm

EN LA SINAGOGA

Jesús - dibujo Rodrigo Valencia
Rodrigo Valencia Quijano
Rodrigo Valencia Q. ©

Cierta mañana, el mundo le parecía un desierto a Jesús; sentía la aridez que mata toda aspiración, la indiferencia de los demás, y entonces entró en la sinagoga; quería encontrar allí el cáliz que aleja de la duda. El sacerdote estaba hablando, y cuando terminó, Jesús subió delante del altar, tomó la palabra y dijo: “Debéis saber que no estamos aquí para recordar palabras muertas sino para buscar la Verdad. Sin embargo, os aclaro que yo no he venido a anular la Ley y los profetas sino a cumplirla. Vosotros sois voluntad y entendimiento; ambos son la mente, y deben estar unidos, porque vosotros sois la mente, vástago del Padre. Con la voluntad podéis aspirar al bien, con el entendimiento podéis aspirar a la Verdad. Si entendéis la Verdad y aspiráis a ella con la voluntad, entonces el Bien puede venir y vivir en vosotros. Y este Bien Supremo es el Padre que ya está en lo profundo, si lo dejáis descender”. Pero la congregación no atinaba a comprender sus palabras; Jesús lo captaba en la frialdad de los rostros, los veía como flores marchitas a las que falta el agua de la fe y la vida de la Verdad. “¿Y qué es la Verdad?”, preguntó entonces uno de los asistentes. Jesús se le acercó y le dijo: “Levántate a vuestro propio centro, allí donde la resurrección se siente. Sin embargo, veo que no entendéis, porque os falta entendimiento y os falta voluntad. Y en verdad os digo: al que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tenga se le quitará”. Pero nadie comprendía sus palabras, todos parecían estatuas de sal. Entonces Jesús salió de la sinagoga, y la congregación lo siguió con la vista, y comenzaron a decir: “Blasfemia; este hombre blasfema contra las cosas santas; ¿quién se cree que es?”

Jesús - dibujo Rodrigo Valencia
Jesús – Dibujo Rodrigo Valencia

Una súbita oscuridad llenó el lugar, las velas de los candelabros fueron apagadas como por una brisa fría, y un rayo cayó, iluminando súbitamente el atrio; pero volvió la oscuridad, mucho más oscura que antes, y toda la congregación vio cómo se alejaba Jesús, vio cómo su túnica blanca resplandecía como una llama de fuego ascendiendo al cielo en medio de la oscuridad.

RVQ

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