En el día del periodista


Hoy precisamente se cumplen 225 años del ejercicio del periodismo en Colombia, uno de los oficios más nobles y gratificantes del mundo.
El 9 de febrero de 1791, dos años después de la Revolución Francesa, aparece el primer editorial de “El Papel Periódico de Santa Fé de Bogotá”. Manuel del Socorro Rodríguez, considerado padre del periodismo colombiano, en ese periódico, anota: “El motivo principal y originario de los papeles periódicos es el honroso empeño de contribuir a la causa pública… la utilidad común, causa única de existencia de un periódico”.
De ahí que es el bien colectivo la razón de ser o el sentido del periodismo y al periodista corresponde ser el vocero de los intereses de la comunidad. El periodista verdadero es un ser de todos y de nadie en particular. No se enajena, es decir, ni se compra ni se vende.
El ejercicio ético y decoroso del oficio hace que el periodista conciba en su corazón la mejor oportunidad para corresponder a la patria lo mucho que de ella ha recibido, no obstante las penurias que se puedan padecer en la cotidianidad.
Sin honor a la verdad y sin sentido de pertenencia con la comunidad no hay auténtico y verdadero periodismo- así algunos se enojen cuando afirmamos que no todo el que posee título o escribe en un periódico es periodista- al verdadero periodista le caracteriza un sentimiento moral y requiere de inteligencia para manejar responsable y prudentemente la información, las críticas y los comentarios. La objetividad y el amor a la verdad se convierten en la ruina del politiquero, del mentiroso, del inmoral, del ventajoso; pero también de apoyo a quienes dedican su vida al servicio de la humanidad.
Si en realidad quienes tenemos el privilegio de informar o de opinar somos imparciales como periodistas, con el mismo ímpetu con que señalamos, criticamos y comentamos los errores de los diferentes actores sociales, debemos hacerlo cuando se trata de sus aciertos.
Los buenos modales caracterizan al buen periodista. Podemos ser muy críticos sin necesidad de ser altaneros. Es necesario hacer prevalecer un periodismo serio y responsable. Así se pretenda desconocerlo, de una irresponsable o responsable información, crítica o comentario pueden depender muchas vidas y la solución o no de muchos problemas que tañen a las comunidades.
Por fortuna en Colombia prima un periodismo serio y responsable, a pesar de que en algunos medios se cometen excesos y desmanes. A nombre de la libertad de prensa no se pueden permitir una serie de comportamientos que vayan en detrimento del interés colectivo.
No pocos periodistas deben realizar su diaria labor en condiciones adversas. Amenazas, intimidaciones, extorsiones, desplazamientos, obstrucción del ejercicio periodístico y hasta casos de exilio son los que más siguen sufriendo los comunicadores en el país, según recientes datos de la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip).
Sin embargo, la situación del periodismo en el país viene mejorando sustancialmente. Estudios evidencian que cada vez hay menos comunicadores muertos a manos de los violentos. Desde 2006, cuando se reportaron tres asesinatos, la tendencia ha disminuido considerablemente. En 2014 hubo un solo caso de periodistas asesinados, caso que no aparece en la base de datos de la Flip porque no habría sido por situaciones relacionadas con el oficio. Pero ello no significa el ejercicio de un periodismo seguro, pues en el citado año hubo 157 hechos de riesgo que afectaron a 164 comunicadores, que padecieron amenazas y obstrucciones forzosas. “La violencia, sumada a la presión de la pauta publicitaria oficial también han instaurado una atmosfera de autocensura en la cual los periodistas conocen de muchos hechos pero evitan abordar temas o que los pongan en peligro o les impliquen una consecuencia en disminución de ingresos por pauta. En las capitales se presentan restricciones puntuales de obstrucción, detenciones arbitrarias o robo de cámaras en situaciones de conflictividad social como cubrimiento de protestas sociales», agregó la Flip.
En 2003, el gobierno colombiano acogió la Declaración de Chapultepec, considerado un audaz pronunciamiento sobre la libertad de expresión en el hemisferio occidental, adoptada por otros países en marzo de 1994, para que las sociedades resuelvan sus conflictos, y que sostiene que una prensa libre es condición fundamental y por lo tanto, no puede existir ley o acto de poder que coarte la libertad de expresión o de prensa, cualquiera sea el medio de comunicación. Añade la declaración que “políticos que proclaman su fe en la democracia son a menudo intolerantes ante las críticas públicas. Sectores sociales diversos adjudican a la prensa culpas inexistentes. Jueces con poca visión exigen que los periodistas divulguen fuentes que deben permanecer en reserva. Funcionarios celosos niegan a los ciudadanos acceso a la información pública. Incluso las constituciones de algunos países democráticos contienen ciertos elementos de restricción sobre la prensa”.




