ELECCIONES CON PARADOJAS

ELECCIONES CON PARADOJAS

Sin duda alguna, las elecciones presidenciales del pasado domingo 17 de junio del presente año, se robaron las expectativas de todos los colombianos y por qué no decirlo francamente, de un continente y del mundo entero.
Lo que pasa es que ahora Colombia, o mejor dicho su imagen y lo que ella representa y significa, está ahora mejor posicionada en todos los ámbitos del orbe, siendo este hecho fundamental un punto de oro a favor del presidente Santos y sus diligencias de gobierno. Bien se ha comentado que Santos tiene mejor audiencia, imagen y simpatía en el exterior que en el suyo propio, siendo esta situación bastante paradójica, pero es real. De esta manera podemos afirmar entonces que Colombia y Santos ganan afuera, pero pierden dentro de sus linderos.
Retomemos entonces el tema de la presente columna, referente a las elecciones presidenciales del posconflicto, donde a mi modo de ver y de comentar, se presentaron dos sucesos, ambos con paradojas, que las distinguieron de las anteriores de su misma índole, hace 4 años y atrás, por esa condición anotada: un triunfo complicado de Iván Duque y una derrota victoriosa de Gustavo Petro. Veamos los dos sucesos.
TRIUNFO COMPLICADO DE IVÁN DUQUE: no quiero estar ni en el corazón ni en el cerebro, ni peor en los zapatos del flamante joven ganador de 42 años, Iván Duque, del Centro Democrático con 10.373.080 votos en 24 departamentos. A simple vista, alguien diría en primera instancia, que fue una fenomenal y abrumadora votación numérica, pero comparándola con el total de posibles votantes aptos para hacerlo no lo es (cerca de 36.227.267 colombianos habilitados, tanto dentro como fuera del país).
En segunda instancia, la complicación extrema a la cual se expone el joven presidente es de carácter personal, pues a pesar de tener tras de él a su mentor y sombra funesta Álvaro Uribe, tiene un dilema casi filosófico, diría yo, pues si quiere ser él mismo (y lo puede ser, si quiere, estilo Juan Manuel Santos, y ojalá que así sea, por el bien de Colombia), tendría que “desobedecerle” ipso facto, actitud que veo posible, habida cuenta que Uribe fue el motorcito que le colocó sus votos, junto a los demás expresidentes y partidos que se le pegaron como un imán (hasta podríamos llamarlo “Imán” Duque). Es decir, el nuevo presidente tiene que ser complaciente con los dictámenes de Uribe y de los “mismos con las mismas” que le ayudaron y además, lo peor, rendirle pleitesía, convirtiéndose casi en su esclavo, por cuatro años. Considero a “Imán”, perdón Iván Duque y hasta lo compadezco, pues debe ser el hombre más preocupado, asustado y atareado de este mundo.
LA DERROTA VICTORIOSA DE GUSTAVO PETRO: en cambio, el panorama personal y partidista de Gustavo Petro es diametralmente opuesto a Iván. Aunque perdió numéricamente con 8.034.189 votos, aumentando el doble de votos en relación con la primera vuelta, se convirtió en jefe indiscutible de la oposición, rescató su curul de senador, no tiene a ningún mentor personal, le rinde cuentas al pueblo que votó con fervor por él y lo más importante, todavía conserva ese carisma de candidato popular, sin tener a ningún otro pidiéndole prebendas personales ni puesticos. Es un candidato protagónico y con futuro. En conclusión, es un candidato ganador, admirado y querido por el pueblo, que es lo más importante.
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Otras publicaciones de este autor: http://www.proclamadelpacifico.com/tema/noticias-proclama-del-cauca/opinion/javier-enrique-dorado-medina/




